En los gobiernos de Movimiento Ciudadano no rehuimos a las problemáticas complejas; aquí las reconocemos de frente, las confrontamos y las resolvemos con criterios técnicos, inversión y visión de futuro. El acceso al agua potable, su saneamiento y su calidad constituyen las tres dimensiones fundamentales de un derecho humano irrenunciable, un reto que nuestra fuerza política ha asumido como máxima prioridad. Sin embargo, mientras Morena y los bloques de oposición pretenden utilizar este recurso vital como una bandera de rapiña electoral para sembrar miedo y lucrar con la zozobra de la gente, la administración del gobernador Pablo Lemus responde con soluciones verdaderas, presentando un plan integral de corto, mediano y largo plazo.
Para gobernar con seriedad es imperativo entender que los grandes proyectos metropolitanos requieren continuidad e institucionalidad. La ruta no comenzó ayer. Durante el sexenio anterior, encabezado por Enrique Alfaro, Jalisco dio un paso histórico al consolidar obras estructurales masivas —como el sistema de acueductos interconectados entre las presas El Zapotillo, El Salto y La Red-Calderón— que incrementaron de forma inédita la capacidad hídrica, logrando garantizar el abasto del Área Metropolitana de Guadalajara para los próximos 50 años. Aquella administración concentró un esfuerzo presupuestal mayúsculo enfocado en las dimensiones de acceso y saneamiento, resolviendo una parálisis de cuatro décadas. Hoy, el desafío evoluciona hacia la tercera vertiente esencial: la calidad en la red de distribución urbana, y el gobierno de nuestro Gobernador Pablo Lemus lo asume con la misma determinación técnica.
El Plan Hídrico del Estado, entregado formalmente al Congreso de Jalisco a través del secretario general de Gobierno, Salvador Zamora, es una muestra clara de responsabilidad pública. No se trata de una simple iniciativa financiera, sino de un robusto instrumento de planeación y diagnóstico que abre la puerta a soluciones definitivas. A la par del despliegue de medidas emergentes para atender de inmediato a las colonias afectadas con plantas potabilizadoras provisionales y esquemas de apoyo, el Estado ya ejecuta infraestructura estratégica de fondo. La ampliación y modernización de la Planta Potabilizadora Número 1 en Miravalle, junto a la construcción del acueducto y sistema de bombeo de La Calera, demuestran que en Jalisco no se improvisa; se construye.
Este enorme despliegue técnico expone, por contraste, el absoluto abandono de la federación hacia nuestro Estado. Mientras el gobierno central ahoga financieramente a Jalisco por mero revanchismo político, negando sistemáticamente recursos federales indispensables para carreteras y obras hidráulicas, el Estado saca la casta invirtiendo sus propios fondos. Es indignante observar cómo legisladoras y legisladores federales de Morena, teniendo la capacidad e investidura para gestionar presupuestos en beneficio de sus representados, prefieren el silencio cómplice; eligen actuar bajo las lógicas partidistas del centro del país antes que tocar puertas para traer el presupuesto que por derecho nos corresponde.
La urgencia hídrica nos exige altura de miras y una estricta corresponsabilidad institucional entre municipios, Estado y federación. Por ello, hago un llamado enérgico a las y los diputados que habrán de analizar este plan hídrico para que privilegien el bienestar de los jaliscienses por encima de cualquier diferencia o consigna de partido.
El agua de nuestras familias no puede ser rehén de agendas electorales. Quienes buscan que las crisis sociales les reditúen en las urnas demuestran su pequeñez; a nosotros nos toca responder con la grandeza de las soluciones duraderas.