Este domingo terminó el Mundial. España levantó la Copa después de vencer a Argentina en una final que se decidió hasta el tiempo extra, y con el último silbatazo, también concluyeron varias semanas en las que México, Estados Unidos y Canadá estuvieron en los ojos del mundo.
Para quienes tuvimos la oportunidad de vivir este Mundial desde una ciudad sede, la experiencia fue mucho más allá de los partidos. Jalisco recibió a miles de visitantes, puso a prueba su capacidad de organización y vivió semanas que exigieron coordinación entre distintos niveles de gobierno, sectores económicos, voluntarios, y por supuesto, la participación de quienes habitamos esta ciudad.
El resultado deja una sensación positiva, pero también una pregunta que vale la pena hacernos ahora que terminó: ¿qué podemos conservar de todo lo que aprendimos? Los grandes acontecimientos tienen la capacidad de acelerar decisiones y obligarnos a trabajar de manera distinta. Nos ponen objetivos muy claros y retos que requieren que muchas personas trabajen al mismo tiempo y en la misma dirección.
Valdría la pena identificar qué funcionó, qué capacidades desarrollamos y qué formas de coordinación podemos incorporar a la manera cotidiana de resolver los problemas de una ciudad. Porque ese tendría que ser uno de los principales legados de haber recibido un acontecimiento de esta magnitud: comprobar de qué somos capaces y aprovecharlo para seguir elevando nuestros propios estándares de ciudad.
Por otro lado, hay otro legado que también vale la pena mencionar: durante estas semanas millones de niñas y niños vieron jugar a los mejores futbolistas del mundo. Algunos seguramente pegaron sus rostros en un álbum, compartieron en redes sociales sus historias de disciplina y éxito, o salieron a las canchas inspirados por las jugadas de la televisión. Quizá hoy, mientras España celebra un campeonato, en alguna cancha del barrio esté jugando quien dentro de algunos años será el próximo Lamine Yamal. No lo sabemos, pero en lo que sí podemos incidir, es si encontrará una cancha en buenas condiciones, un espacio público donde entrenar, o una oportunidad para desarrollar su talento.
Ahí también existe una responsabilidad para quienes estamos en el gobierno. Porque organizar un Mundial requiere grandes estadios y una enorme capacidad institucional, pero construir una ciudad que impulse el talento requiere algo menos visible y mucho más constante: cuidar las canchas, recuperar los espacios públicos y acercar el deporte a todas las comunidades, como lo han hecho durante la última década el alcalde de Zapopan Juan José Frangie, y el gobernador Pablo Lemus.
Hoy se apagaron las luces del Mundial. Ahora viene la parte que nos corresponde: aprovechar lo aprendido y seguir construyendo las condiciones para lo que viene.
Porque una gran sede se demuestra durante unas semanas. Una gran ciudad se construye todos los días.