Varios de los perfiles legislativos que tiene Jalisco en San Lázaro nos han quedado a deber. Es inevitable hacer una pausa en una de las heridas políticas más profundas que se le han abierto a nuestro Estado en los últimos dos años: la inacción legislativa en momentos de crisis. Cuando Jalisco ha atravesado etapas de auténtica vulnerabilidad, aquellos espacios que por definición deberían ser la primera línea de defensa de las y los jaliscienses, como la Comisión de Presupuesto en la Cámara de Diputados, simplemente se han quedado pasmados.
La pregunta es tan obvia como incómoda: ¿este silencio y la nula capacidad de respuesta ante los problemas del Estado responden a una preocupante falta de iniciativa propia, o son el resultado de agachar la cabeza ante el manoteo y las órdenes estrictas de su partido? La disciplina partidista no puede, ni debe, estar por encima de las urgencias de la gente que los puso en esa curul.
Sin embargo, cuando la ineficacia en la gestión de recursos es evidente, la maquinaria suele recurrir a su vieja y conocida táctica de la manipulación mediática. A base de declaraciones a modo, narrativas fabricadas y discursos que no se sostienen en los hechos, se intenta cubrir el vacío de los presupuestos que jamás llegaron a la Entidad. Se construye una realidad de papel para ocultar el abandono de la federación. Ningún estado del país es autosuficiente y todos requieren del músculo que da tener un presupuesto sensible en el territorio.
Lo cierto es que la memoria política de la ciudadanía no es corta. A casi un año de que la Comisión de Presupuesto le diera la espalda a Jalisco en sus momentos más álgidos, el reloj avanza hacia una coyuntura decisiva que comienza en septiembre.
Ricardo Monreal ya dio línea clara de cuál será la agenda de temas prioritarios para el próximo periodo de sesiones en la Cámara de Diputados; la duda que hoy recorre al Estado es si las y los diputados jaliscienses de Morena serán capaces de romper la inercia y dar resultados en los temas que a Jalisco le es urgente resolver, o si volverán a priorizar el libreto nacional sobre las necesidades locales.
Para que no haya pretextos ni olvidos, la tarea prioritaria para Jalisco ya está trazada y requiere un presupuesto digno en tres frentes innegociables:
1. Seguridad: La urgencia principal de las familias jaliscienses. No admite más tijeretazos ni discursos huecos; se necesitan fondos etiquetados y recursos reales para fortalecer las capacidades operativas y devolver la tranquilidad a los municipios.
2. Saneamiento de agua y reconstrucción de la red hídrica: No hay desarrollo ni salud pública posibles con una infraestructura hídrica al límite. Jalisco necesita inversiones de gran calado para el saneamiento de sus cuencas y la modernización de sus redes, no remedios superficiales.
3. Recuperación de las carreteras jaliscienses: Las vías de comunicación del Estado son las arterias de su economía y la seguridad de miles de personas que las transitan a diario. Exigen un presupuesto a la altura para su rehabilitación integral, no las migajas que las han condenado al deterioro.
El próximo periodo de sesiones será un espejo implacable y todos los ojos del Estado estarán ahí viendo cómo se da respuesta. Las y los representantes jaliscienses del chaleco guinda en el Congreso tienen en sus manos la oportunidad de demostrar si llegaron a San Lázaro a ser la voz de su gente o simples tramitadores de la agenda del Centro. La tarea está puesta; los resultados dirán lo demás.