La crisis del agua potable en la Zona Metropolitana de Guadalajara pasó de la discusión pública y mediática a los trabajos reales de solución. El problema es inmenso y las necesidades se multiplican con el paso de los días.
No, no basta con llevara vehículos purificadores de agua a las colonias. Alivian enormemente el problema de necesitar agua limpia para la gente; se llena miles de garrafones de agua pero no acaban con el problema. De hecho, el director del SIAPA, Ismael Jáuregui recomienda públicamente: no debe consumirse el agua purificada si no es hervida después.
Ante la pregunta obligada y obvia, ¿se están mezclando aguas negras con el agua que va por las tuberías?, la respuesta es afirmativa. Sí, y eso debe corregirse de inmediato. Pero no es tan sencillo. Por eso se avanza en la obra del llamado “bypass” que impedirá que se mezcle el agua que va a la Planta Potabilizadora 1 de Miravalle, con el Arroyo Seco.
Es un tema embrollado, sí. Pero no hay manera de evitar el ir paso por paso.
Las obras de construcción no pueden avanzar aceleradamente porque la aplicación del recurso público requiere trámites obligatorios: concurso, aval técnico y demás.
¿Tenemos que padecer durante mucho tiempo más el agua sucia y con mal olor? Sí. Así de contundente, así de simple.
No hay solución rápida ni receta.
Se puede decir que afortunadamente, los diputados del Congreso del Estado acaban de iniciar un período vacacional de dos semanas; eso cuando menos, evitará que el discurso público siga viciado con acusaciones y señalamientos. Pero no es la solución.
El problema abarca varias dimensiones. Sólo el hecho de saber que las instalaciones más nuevas del SIAPA para la potabilización del agua tienen más de 35 años, ya nos advierte del retraso tremendo que la ciudad enfrenta.
Las deudas con los habitantes de Guadalajara son evidentes:
– Falta la reingeniería interna del SIAPA. Debe haber despidos de personal que no está capacitado y está en un puesto de trabajo por influencia política.
– Es indispensable una alianza social que abarque a los gobiernos municipales, al gobierno estatal y a las dependencias públicas; debe construirse un nuevo acuerdo para recibir el agua y pagar por ella.
– Debe establecerse un nuevo acuerdo de tarifas. El SIAPA no puede nunca más ser un organismo en quiebra, sino que debe haber consenso en el pago del agua. Sin justificación ni perdón. Sin preferencias.
– Debe intervenir el gobierno federal. No es posible que la Comisión Nacional del Agua tenga la autoridad en la administración del agua, porque es un derecho humano, pero que no tengan personal (increíblemente, hay un solo inspector en Jalisco) para exigir que todos, los gobiernos, los entes públicos, los industriales y las empresas, no limpien, no potabilicen, no paguen, por el agua que les permite enriquecerse.
La crisis debe permitir que haya un cambio, no un retroceso a peor.