Hay una idea profundamente arraigada en nuestra cultura política: cada elección representa la oportunidad de encontrar al gobernante que, ahora sí, resolverá los grandes problemas de la sociedad.
Durante décadas, campañas y discursos alimentaron esa expectativa. Cada seis años aparecen candidatos que prometen terminar con la inseguridad, acabar con la corrupción, garantizar el agua, resolver la movilidad o devolver la paz. Algunos incluso llegan a presentarse como la solución misma.
Quizá por eso cada proceso electoral termina pareciéndose al anterior.
Pero basta mirar la agenda pública de Jalisco para preguntarnos si esa expectativa sigue siendo realista.
En las últimas semanas, la conversación se ha concentrado en el agua y las desapariciones. El primer tema obliga a discutir infraestructura, financiamiento y consumo responsable. El segundo volvió a exhibir la complejidad del reclutamiento criminal, la búsqueda de personas y la atención a las víctimas. Mientras tanto, la seguridad, la movilidad, el crecimiento urbano y otros desafíos permanecen ahí, sin desaparecer de la agenda.
Parecen problemas distintos, pero tienen algo en común: la solución no cabe en un solo periodo de gobierno.
Eso no significa que todos los gobiernos sean iguales. Hay administraciones que toman malas decisiones y otras que logran corregir el rumbo. Esa diferencia importa y debe seguir siendo motivo de evaluación.
Lo que dejó de ser razonable es esperar que una sola administración resuelva problemas que llevan décadas solidificándose y que, con toda probabilidad, necesitarán varias más para corregirse.
Sin embargo, la política sigue funcionando con el mismo libreto. Conforme se acerquen las campañas de 2027 volveremos a escuchar promesas de acabar los varios problemas que existen.
Quizá ha llegado el momento de aceptar que muchos de estos problemas públicos carecen de solución en un solo sexenio. Si es así, también tendría que cambiar la forma en que hablamos de ellos.
Tal vez el discurso más honesto sería otro. Algo tan poco espectacular como decir:
“Voy a dejar las cosas mejor de como las encontré, aunque no pueda resolver el problema por completo”.
Sería un pésimo eslogan de campaña.
Porque la política premia las certezas y las soluciones definitivas, aunque muchas veces sean imposibles. Sin embargo, esa frase probablemente describa mejor que cualquier otra lo que hoy significa gobernar.