¿Recuerdas cómo era Zapopan hace diez años?
En 2015 comenzó un proyecto encabezado por Pablo Lemus en un municipio muy distinto al que conocemos hoy. Basta revisar algunos números para entender la dimensión del cambio. En aquel momento, el presupuesto rondaba los 4 mil 600 millones de pesos. Para 2026, el presupuesto aprobado supera los 13 mil 147 millones. Es decir, prácticamente se triplicó.
Pero probablemente lo más importante no sea cuánto dinero tiene Zapopan, sino lo que ha sido capaz de hacer con él.
En los últimos diez años se han invertido alrededor de 14 mil millones de pesos en infraestructura pública. Escuelas, unidades deportivas, calles, mercados, plazas, centros culturales y hospitales forman parte de una transformación que hoy podemos ver en distintas zonas del municipio.
También existe otro dato que dice mucho: para este año, poco más de la mitad de los recursos presupuestados provienen de ingresos propios del municipio. Es decir, tener capacidad para generar recursos permite depender menos de decisiones externas y, sobre todo, tener mayor margen para invertir en las necesidades de la ciudad.
¿Cómo se logró todo esto? Seguramente existen muchas explicaciones, pero hay una constante difícil de ignorar: la continuidad.
Durante cuatro administraciones, Pablo Lemus y Juan José Frangie han encabezado un mismo proyecto de ciudad. Han cambiado las circunstancias y seguramente también algunas prioridades, pero se ha mantenido una forma de gobernar basada en la eficiencia, los resultados y el trabajo en equipo.
Y eso importa porque una ciudad no se transforma en tres años. Puedes construir una calle o inaugurar un parque en unos meses. Pero sanear las finanzas, recobrar confianza en las instituciones, retomar los espacios públicos y hacer que una forma distinta de gobernar se convierta en parte de la vida cotidiana necesita tiempo.
Continuidad tampoco significa pensar que todo está bien. Zapopan tiene enormes retos. Una ciudad que crece a esta velocidad necesita mejores servicios, espacio público, movilidad, seguridad y, sobre todo, cerrar las diferencias que todavía existen entre distintas zonas del municipio.
Por eso, después de diez años, creo que la pregunta ya no es solamente qué se ha construido, sino qué sigue.
Hay proyectos que llegan a un punto en el que dejar de avanzar también significa retroceder. El reto ahora es conservar lo que funciona, corregir lo que haga falta y construir sobre lo aprendido.
Zapopan ya encontró un rumbo. Lo que necesita ahora es tener la capacidad de llevarlo todavía más lejos.