Teóricamente, habría que esperar hasta el inicio del proceso electoral para abordar temas político partidistas. Pero los acontecimientos se desbordan y no hay que dejarle a los partidos decidir por sí solos el futuro de las elecciones y la integración de las administraciones. Por eso es conveniente revisar la contienda interna del partido Morena en su aspiración por llegar a gobernar Guadalajara, la capital de Jalisco.
El suceso detonante para esta revisión comenzó con la visita de la presidenta nacional de Morena, Ariadna Montiel, el pasado 29 de julio. En su discurso público se refirió a la crisis del agua que se vive en el Área Metropolitana, pero al interior del partido, ese tema era secundario: los morenistas esperaban con ansia las directrices para definir candidaturas para las alcaldías jaliscienses y las diputaciones locales.
Como respuesta, el partido postergó hasta los últimos días de agosto la emisión de convocatorias y la presidenta Montiel, les pidió a los militantes evitar actos anticipados y convocó al orden y el respeto. Fue lo primero que se rompió.
El senador Carlos Lomelí lanzó abiertamente su pretensión de competir por la candidatura morenista para contender por la alcaldía de Guadalajara el año entrante. No es que se haya revelado el secreto mejor guardado, ya lo había hecho antes. Pero su posicionamiento personal pareció una rebelión a lo pedido por Ariadna Montiel. Además, diferentes actores políticos del partido se manifestaron inconformes con el uso grupal que el senador Lomelí y la presidenta estatal Erika Pérez, han hecho del Comité Estatal.
De hecho, ayer la diputada federal Merylin Gómez Pozos reiteró el reclamo y comentó que así no se incentiva la unidad interna. Aunque también manifestó que competirá por la candidatura a Guadalajara.
De los 125 municipios de Jalisco, Guadalajara es el que más le importa a los morenistas. Son varias las razones, pero un par de éstas entrañan el máximo interés. Primero, derrotar a Movimiento Ciudadano en la capital del Estado significaría avanzar decisivamente en la posibilidad de ganar las elecciones del año 2030, cuando sí estará en disputa la gubernatura.
La segunda razón es que una añeja tradición jalisciense ha marcado que el alcalde de Guadalajara va en automático a Casa Jalisco y se convierte en gobernador… o ahora, gobernadora. Sería un doble triunfo.
Pero delinear una ruta política dista mucho de lograr transitarla.
Además de Lomelí y Gómez Pozos, hay otros aspirantes a esa misma candidatura en Morena: José María “Chema” Martínez, Mariana Fernández Ramírez, Itzul Barrera. Más los que se sumen.
Cada uno de ellos ha conseguido su parcela de popularidad y reconocimiento por sus críticas al gobierno municipal y a la administración estatal. Están en su derecho. Pero, ¿dónde está la propuesta, el proyecto de gobierno, la visión de un mejor futuro para la ciudad que, por cierto, es la segunda más importante del país y podría decirse, es la capital del Occidente mexicano?
Los proyectos personales son legítimos, pero hasta ahora no se ha proyectado una Guadalajara con una perspectiva diferente. Y además, persisten en su división.