Supongamos que un día, “Pedro” decide generar un ingreso extra y comienza a vender pasteles hechos en casa. Le va bien. Primero llegan los conocidos, después los recomendados y aquello que comenzó como una manera de completar el gasto termina convirtiéndose en un pequeño negocio.
Pedro renta un local, se da de alta, contrata a dos personas y las registra ante el Seguro Social. Paga impuestos, servicios, nómina y cumple con las obligaciones de tener un negocio formal.
Hasta aquí, la historia de Pedro parece el sueño de cualquier secretario de Hacienda Pública.
¿Pero qué pasa si dos o tres años después las cuentas dejan de salir?
Puede cerrar, continuar por su cuenta, regresar a vender desde casa o incluso seguir haciendo prácticamente lo mismo, pero fuera de la formalidad.
No sabemos cuántos Pedros existen en Jalisco. Pero esta semana apareció un dato que hace que nos lo preguntemos.
Coparmex Jalisco informó que entre enero y julio disminuyeron en 2 mil 007 los registros patronales ante el IMSS y que 82 por ciento de esas bajas correspondió a patrones que tenían entre uno y cinco trabajadores.
Eso no significa que hayan cerrado 2 mil 007 empresas. La baja de un registro patronal puede responder a distintas razones administrativas.
De modo que la pregunta es: ¿qué pasó con quienes dejaron de estar ahí?
Otro dato. Según la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo del INEGI, durante el primer trimestre del año, 48.6 por ciento de la población ocupada en Jalisco trabajaba en alguna condición de informalidad, alrededor de 1.87 millones de personas, una cifra mayor a la registrada apenas un año antes.
Una cosa no necesariamente explica la otra… no sabemos si existe relación entre ambos fenómenos y sería simplista afirmarlo. Pero sí podemos preguntarnos cuántos de aquellos pequeños patrones cerraron definitivamente, cuántos continuaron trabajando por su cuenta y cuántos, puede ser, regresaron a la informalidad.
Durante años hemos hablado de la informalidad como un problema de entrada. El objetivo es conseguir que quienes están fuera entren a la economía formal. Pero entrar no basta, también hay que permanecer.
Los anuncios gubernamentales suelen quedarse con la fotografía de la apertura: cuántos negocios comenzaron, cuántos empleos se generaron, cuánto se invirtió. Se habla menos de cuántos de aquellos pequeños negocios logran seguir años después.
Quizá hemos estado mirando la puerta solamente en un sentido. Nos preguntamos qué hacer para que alguien como Pedro abra un negocio, contrate trabajadores y entre a la formalidad.
Pero también deberíamos preguntarnos qué se hace para que, una vez que llegó, se quede.
Porque el discurso triunfalista suele mostrar la apertura, pero pocas veces el día después… Quizá también habría que preguntarnos, dos o tres años después, si Pedro sigue ahí… Y si no, ¿por qué se fue?