La semana que inició el pasado lunes 10 de agosto sorprendió con el terremoto que sacudió a Colombia. Con 7.4 grados, el fenómeno sacudió principalmente a dos ciudades colombianas: Pereira y Cali. Al día de hoy, la cifra oficial de fallecidos se acerca a 300 y la tragedia se extiende a heridos, desaparecidos y cuantiosos daños que tomarán años de trabajos e inversión pública y privada.
Y sin embargo, el gobierno colombiano que encabeza Abelardo de la Espriella, rechazó el apoyo enviado por el gobierno mexicano; fueron rechazados contingentes de las Fuerzas Armadas de México por no contar con un registro que, según se informó, sí tienen rescatistas de Ecuador, El Salvador, Israel y Estados Unidos.
Es sencillamente sorprendente. La administración federal colombiana repudió el apoyo de rescatistas mexicanas que han acumulado experiencia en más de 90 países apoyando en diferentes eventos trágicos.
Abelardo de la Espriella está en su derecho, como jefe de Estado, de abrir o cerrar sus fronteras a quienes considera, están más calificados para ayudar, pero hay una realidad inocultable: la suya es una posición de fundamentalismo político. Un extremismo absurdo que priva a miles de colombianos de recibir ayuda de rescatistas mexicanos, sólo porque rechaza la línea ideológica del gobierno mexicano.
De la Espriella es de la extrema derecha, y el gobierno de la 4T se presume de izquierda. Las alianzas y los bloques están totalmente definidos. El nuevo gobierno colombiano se alinea con el grupo que ha establecido el presidente estadounidense Donald Trump, para combatir a los gobiernos latinoamericanos de izquierda.
Sin embargo, ese fundamentalismo político que se ha manifestado en medio de una tragedia, no es exclusivo de la administración de De la Espriella. Es apenas una manifestación de lo que también acontece en México.
Hay evidencias recientes.
El gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum promueve la discusión de los Lineamientos para los Derechos de las Audiencias que, en la práctica, limitará la libertad de expresión de medios de comunicación; rechaza, además, una iniciativa del Partido Acción Nacional (PAN) para que se establezca en la rueda de prensa mañanera un derecho de réplica legalmente reglamentado, para responder a las interpretaciones y posibles abusos de esta rueda de prensa cotidiana que construye narrativa y marca agenda en el país. “Que hagan su propia rueda de prensa”, respondió la presidenta.
Y adicionalmente, la consejera jurídica de la presidencia, Luis María Alcalde, hasta hace unas semanas presidenta nacional de Morena, presentó en Palacio Nacional un listado de periodistas y políticos que, afirmó, promueven mensajes “anti 4T” y atacan al gobierno de la presidenta Sheinbaum. Sencillamente, crítica quedó igualada en ataque.
Son otras manifestaciones de fundamentalismo político que, en el caso de los mexicanos, se enfocan contra la república.
Si el rechazo de Colombia a la ayuda escandaliza, hay que observar la ruta de los extremismos mexicanos que conducen a la pérdida de libertades y derechos.