¿Cuántas veces hemos pensado que para ayudar a alguien necesitamos hacer algo extraordinario?
Este domingo, más de dos mil personas se reunieron en el Parque Metropolitano para correr cinco kilómetros con causa. Habrá quien piense que solo fue una carrera más, pero para muchas otras personas fue la primera vez que se colocaron un número, cruzaron una línea de salida y descubrieron que podían llegar a una meta que hasta hace poco parecía lejana.
La carrera surgió hace un año por iniciativa de la comunidad de A Mover el Cubo, un programa que durante los últimos años ha acercado la actividad física a parques y colonias de Zapopan. Lo que comenzó como una solicitud para realizar un “social run” conmemorativo del programa, este año se convirtió por primera vez en una carrera atlética oficial y, además, con una causa: reunir artículos de primera necesidad para beneficiarios del DIF Zapopan.
Ese mismo día ocurrió algo parecido en otro punto de la ciudad, aunque el reto fue distinto. En una carrera vertical, cientos de personas cambiaron los kilómetros por escaleras y subieron los 16 pisos de la Torre Armstrong, en Zapopan. Lo recaudado será destinado a la unidad que atiende a niñas y niños con quemaduras en el Hospital Civil de Guadalajara.
Dos carreras muy diferentes, pero con algo en común. Muchas veces pensamos que para contribuir necesitamos donar grandes cantidades de dinero, pertenecer a alguna organización o disponer de muchas horas para hacer voluntariado. Y aunque todas esas formas son importantes, dejamos fuera algo mucho más sencillo: la posibilidad de ayudar desde nuestra vida cotidiana.
Alguien salió este domingo a correr y llevó una bolsa de alimentos. Alguien más decidió subir 16 pisos y, con su participación, aportó recursos para la atención de una niña o un niño que lo necesita. Probablemente ninguno salió de casa pensando que iba a cambiar el mundo y, sin embargo, de alguna manera contribuyó a cambiar el de alguien más.
Considero que ahí existe una oportunidad importante para quienes trabajamos desde el gobierno. Nuestra responsabilidad no es intentar resolverlo todo desde una oficina, sino también generar las condiciones para que las personas encuentren formas sencillas de involucrarse en lo que sucede en su comunidad.
Cuando generamos oportunidades para que las personas se involucren genuinamente en su comunidad y en el espacio público, no solamente estamos ofreciendo un servicio, estamos creando puntos de encuentro. Y cuando esos encuentros además se vinculan con una causa, la participación adquiere otro sentido.
Una ciudad necesita personas que no se acostumbren a mirar todo desde afuera. Que encuentren razones para salir, participar, conocer a otros y, cuando sea posible, ayudar. Porque contribuir no siempre empieza con una gran acción. A veces comienza con algo mucho más sencillo: dejar de ser espectador y decidir participar.