¿Qué te han hecho? Estás moribundo y nadie te atiende; estás solo y nadie te acompaña; tus butacas vacías, tus emociones extintas, tu pasión olvidada, tu competencia estéril por la obsesión del dinero y las ganancias, por hacer de este hermoso deporte de los dioses solo un negocio.
¿En dónde quedaron los niños con sus banderas, los autógrafos no dados, los jóvenes valores de las inferiores, las joyas nacionales, los grandes ídolos, los extranjeros inolvidables que marcaron la historia de nuestro juego? ¿Dónde los partidos por la tele, esos momentos de familia, de amigos, de compadres, de vecinos, de botana, de asados, de comidas interminables hablando de futbol, de nuestro futbol?
Hoy sólo quedan esbozos, miserias de mi futbol. Hoy los niños y jóvenes se visten de colores diferentes, de escudos importados, de figuras abrazadas por la fama y roces de deidad, inalcanzables en la realidad, pero presentes por la era digital, la que acerca a los sueños, pero nos retira de la realidad.
Hoy los buenos son los menos malos y los chicos se aferran a la comodidad del sistema, ese que no reprende los malos resultados ni la irresponsabilidad de la exigencia, de la presión, esa que ha olvidado la formación de nuestras figuras, de nuestros ídolos, de nuestros jugadores nacidos en nuestros barrios, pueblos, ciudades y estados.
¿Dónde está mi futbol? Lo están dejando agonizar. Que alguien nos ayude a decir que aquí está, porque todavía sigue vivo y quiere levantarse a caminar, a correr, a apasionar a ilusionar. No lo dejen morir. La afición está a la espera de regresar; necesitamos darle vida, lo queremos ver por la tele, queremos ir al estadio. Queremos ver a nuestros jugadores, a nuestros equipos, luchar por ser los mejores o por no descender, por vestir con orgullo la playera nacional en busca de un boleto al Mundial.
Que se siga gritando, exigiendo: el futbol mexicano no puede extinguir la naturaleza deportiva de la competencia, todos tienen el derecho de soñar, de alcanzar la gloria del ascenso y pensar en jugar con los más grandes, y también los más grandes deben seguir esforzándose por un día no caer en las garras del descenso. No permitamos que por los intereses de unos cuantos se pierda la esencia del premio y castigo deportivo.
Gritemos todos juntos por rescatar nuestro futbol, porque no nos conquisten más del exterior, que sintamos el orgullo nacional y abracemos la esperanza de volver a figurar, porque nuestro futbol nos ha dado décadas de alegrías, tristezas, ilusiones, conquistas y fracasos, pero siempre poniendo en alto el sello nacional.