Hay acciones de un gobierno que pueden discutirse, otras que pueden cuestionarse y algunas que, por su gravedad, resultan sencillamente aberrantes. Exhibir desde el poder una lista de periodistas, medios, políticos y críticos del gobierno federal es una de ellas.
El argumento de que no se trata de una “lista negra”, sino de un análisis sobre contenidos y redes sociales, no elimina el problema de fondo. Cuando el gobierno, por miedo, señala públicamente a quienes lo cuestionan, el mensaje puede convertirse en intimidación, especialmente en un país donde ejercer el periodismo ya implica enfrentar riesgos y amenazas.
En democracia, la crítica se responde con argumentos, datos y resultados, no desde una plataforma oficial. Si una información es falsa, se desmiente, si existe una acusación incorrecta, está el derecho de réplica. Lo que no debe ocurrir es utilizar el poder para identificar o estigmatizar a quienes piensan distinto.
Por eso también resulta preocupante hablar de “protección de las audiencias” mientras se pretende establecer qué voces deben tener mayor o menor espacio. Las audiencias no necesitan un gobierno que les diga a quién creer; necesitan libertad para escuchar todas las voces y decidir por sí mismas.
Frente a este escenario, desde el PAN impulsaremos foros para escuchar todas las opiniones. El primero ya se realizó este lunes en el Congreso de la Unión, “Diálogo Legislativo: Libertad de Expresión”, convocado por el diputado federal Miguel Monraz, con la participación de universidades, periodistas, medios de comunicación, instituciones y grupos parlamentarios.
La conclusión fue muy clara: todos los asistentes coincidieron en que se debe retirar la propuesta actual de lineamientos y abrir una nueva etapa de diálogo, amplia, transparente y presencial, que permita construir reglas con legitimidad, equilibrio y certeza, sin retrocesos en materia de libertad de expresión.
Porque el efecto de exponer a través de una lista, puede producir que un periodista piense dos veces antes de investigar, publicar o cuestionar al poder por temor a terminar exhibido desde el gobierno. Eso es lo que no podemos normalizar.
Proteger a las audiencias y defender la libertad no son caminos opuestos. Y una democracia se mide, precisamente, por la libertad que tienen quienes cuestionan al poder para hacerlo sin miedo.
Lo más preocupante es que terminemos normalizando estas prácticas. Una sociedad libre no puede permitir que las instituciones conviertan la discrepancia en sospecha ni el señalamiento en una forma de control.