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2 septiembre 2026
Gabriela Cárdenas
Gabriela Cárdenas
Diputada electa dos veces por los zapopanos y exregidora de Zapopan. Ambientalista y promotora de legislación enfocada en vivienda sostenible y la conservación del ambiente. Impulsora de la inversión sustentable que genera empleos verdes y fomenta energías limpias ante el cambio climático.

Envejecer sin pedir permiso

1 septiembre 2026
|
05:00
Actualizada
20:09

Cinco derechos para que la vejez deje de depender de la suerte que se tuvo en la familia.

Antes de que sigas leyendo, te pido un favor. Piensa en el nombre de la persona que te cuidó cuando más lo necesitabas.

Ahora al revés, que es la pregunta difícil: ¿A cuántas personas has cuidado tú? Ahí la lista se alarga. Un padre, una madre, un hijo, una pareja enferma, un hermano, una vecina. Somos un país que se ha pasado la vida cuidando en silencio, y que todavía no sabe cómo devolver el gesto cuando le toca el turno a quien ya cumplió.

El viernes pasado fue el Día Nacional de las Personas Adultas Mayores, y lo conmemoramos como cada año: reconocimientos, pastel, fotografía y buenos deseos. Se agradece el cariño, pero un día al año no sostiene a nadie.

El problema de fondo es que en México seguimos tratando el cuidado como un asunto privado, que cada familia resuelve como puede y con lo que tiene. En Jalisco, seis de cada diez personas cuidan a alguien. El trabajo de cuidados no remunerado equivale al 6.8 por ciento del Producto Interno Bruto del Estado, más que varias industrias que sí aparecen en los discursos de desarrollo. 

Esa economía enorme funciona sin sueldo, sin horario y casi siempre sin relevo. Por eso, hoy a propósito de ese día quiero proponer hablar de la vejez con el lenguaje que la política suele reservar para otros temas, el de los derechos y son cinco:

  1. Derecho a ser cuidado. El más elemental y el que hoy depende más de la suerte. De si hubo hijos, de si esos hijos se quedaron cerca, de si alcanzó el dinero para una enfermera o si alguien tuvo que renunciar a su trabajo. La vejez de una persona no debería depender de la lotería familiar que le tocó. Cuando el cuidado se garantiza por ley, deja de ser un privilegio de quien tiene red y se convierte en una certeza para quien no la tiene.
  2. Derecho a decidir cómo se quiere vivir. Este es el que más se viola con buenas intenciones. El cuidado mal entendido se vuelve tutela y se empieza con detalles pequeños: se le habla a la persona mayor en tercera persona estando ella presente, se le administra su dinero sin preguntarle, se le fija el horario, se le decide qué come y a qué hora se duerme. Y un día se descubre que alguien perfectamente capaz de decidir lleva años sin decidir nada. Cuidar bien es quitar obstáculos, no quitar decisiones.
  3. Derecho de quien cuida a también ser cuidado. Detrás de cada persona mayor bien atendida suele haber otra persona agotada. Casi siempre una mujer, casi siempre de la familia, con frecuencia una hija que ya pasa de los sesenta y que cuida a una madre de 85 mientras nadie le pregunta cómo está ella. En Jalisco, 42.8 por ciento de las mujeres cuidan a personas mayores o enfermas, frente al 6.2 por ciento de los hombres. Un sistema de cuidados que se olvida de las cuidadoras simplemente traslada el problema de una generación a la siguiente.
  4. Derecho a una ciudad donde se pueda vivir sin ayuda. La mejor política de cuidados es la que logra que la gente necesite lo menos posible. Una banqueta pareja, un camión al que se pueda subir sin acrobacias, un centro de salud cerca, un parque iluminado y una clase de activación por las mañanas hacen más por la autonomía de una persona mayor que cualquier discurso del 28 de agosto, incluido el mío. La autonomía se construye con obra pública, no con buenos deseos.
  5. Derecho a seguir participando. Es el más ignorado de los cinco. Este país saca a la gente de la vida productiva mucho antes de que se agote su capacidad. A los cincuenta y cinco años ya cuesta que a alguien lo contraten, a los setenta ya casi nadie lo consulta, y a los ochenta se da por hecho que no tiene nada que enseñar. Tratamos la experiencia como si tuviera fecha de caducidad. Envejecer debería significar cambiar de papel, no salir del escenario.

Algunos de estos derechos ya están escritos. Jalisco fue el primer Estado del país en reconocer en su Constitución el derecho a cuidar y ser cuidado, y en 2024 el Congreso aprobó por unanimidad la primera ley estatal de cuidados de México. También nos aseguramos de que trajera dinero, porque un derecho sin presupuesto termina siendo una frase bonita en un papel oficial.

Lo que falta es que se noten, que un derecho escrito en la Constitución se sienta en la banqueta, en el centro de salud del barrio y en la vida diaria de quien cuida sin descanso. Ese es el trabajo pendiente, y no se termina con una ceremonia.

Todos vamos hacia allá. Con suerte, todos vamos a llegar a envejecer, así que piénsalo una vez más, ahora en tu propio caso: el país que dejemos listo para las personas mayores de hoy es exactamente el país en el que vas a envejecer tú.

 

*Las opiniones y contenidos en este texto son responsabilidad total del autor y no de este medio de comunicación.
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