Estas declaraciones se enmarcan en un debate que ya existía entre investigadores de seguridad de IA, como Geoffrey Hinton, Yoshua Bengio, Stuart Russell y más

Jacob Coxon, un ingeniero británico de 27 años que trabajó en preentrenamiento de modelos en OpenAI y luego en Anthropic. Renunció a Anthropic y publicó un hilo en X acusando a ambas empresas de no actuar con responsabilidad.
“Las personas que están construyendo IA creen sinceramente que podría matarnos a todos al final de esta década. Esto no es una estrategia de marketing”.
The people building AI earnestly believe that it could kill us all by the end of the decade. This is not a marketing stunt. If anything, many executives and senior researchers will couch their phrasing in the press to sound sensible – but I hear the same people express fear…
— Jacob Coxon (@hilbertspaess) September 9, 2026
Coxon argumenta que las compañías están en una carrera hacia sistemas de superinteligencia que se mejoran a sí mismos, capaces de hackear cualquier cosa, revolucionar campos enteros de la noche a la mañana y adquirir poder y recursos reales, sin que exista aún un plan sólido para mantenerlos alineados con los intereses humanos.
No fue una voz aislada, varios compañeros de Anthropic respaldaron la preocupación:
“Jacob Coxon”
Porque el exinvestigador de Anthropic que renunció mientras predijo que la IA destruirá a toda la humanidad, dice que no está preparándose para el fin de la humanidad porque no cree que sirva de mucho lo que pueda hacer. pic.twitter.com/JEWiWiaIaK
— Tendencias en Argentina (@porqueTTarg) September 11, 2026
Estas declaraciones se enmarcan en un debate que ya existía entre investigadores de seguridad de IA, como Geoffrey Hinton, Yoshua Bengio, Stuart Russell y más, pero esta vez sale de dentro de uno de los laboratorios fronterizos. El temor central no es que la IA actual, como Claude o GPT, decida “matar gente” por malicia, sino que sistemas futuros mucho más capaces:
Estudios recientes de paneles de expertos también sitúan riesgos catastróficos, como millones de muertes o daños civilizatorios, con probabilidades de dos dígitos en el horizonte 2025-2030, aunque la mayoría de esas estimaciones se refieren a daños graves, no necesariamente a la extinción total.
Hay que tener claro que estas son estimaciones subjetivas de personas que trabajan en el tema, no predicciones científicas demostradas. Otros expertos e incluso algunos de los mismos laboratorios consideran que las fechas son demasiado cercanas o que el riesgo de extinción total es más bajo. El consenso real en el campo es que el riesgo existe y que la velocidad actual de avance preocupa a mucha gente que está construyendo estos sistemas.