En muchos países del mundo está creciendo la conciencia pública de que las universidades y los servicios de salud deben responder a las necesidades de salud de su población y deben entregar cuentas de lo que están haciendo y la manera como lo hacen. Se trata del concepto “Social accountability” (1). En español, el concepto corresponde tanto a la responsabilidad social de su misión, como a la rendición de cuentas que están obligados a rendir ante la población por su encargo social de formar a los médicos y personal de salud que su población necesita, con las competencias profesionales que se requieren y con la distribución justa de acuerdo con las necesidades de las comunidades y poblaciones (1). Las universidades y los sistemas asistenciales deben trabajar en armonía y con la participación de la población organizada, para precisar el diagnóstico de las necesidades y los ciclos de mejora continua del proceso educativo-asistencial. El currículo de cada escuela de medicina debe ser coherente con las necesidades de su región y comunidades, y sus procesos educativos deben buscar al aprendizaje de alta calidad con los medios de enseñanza más adecuados. Hoy, en México, dicho directamente es un anhelo.
La atención de salud, mucho más amplio que las actuales clínicas de medicina familiar
En el mundo se reconoce que el dominante “modelo educativo biomédico” centrado en la enfermedad y enseñado en los hospitales, deja fuera más del 90 por ciento de los problemas de salud generados en la comunidad; no asume las tareas preventivas y promocionales de la salud originadas en determinantes sociales, económicas y culturales. El cambio hacia un modelo promocional y preventivo de la salud requiere que el primer nivel de atención sea resolutivo y de gran calidad, y disponible y cercano a los hogares. Debe estar exento de saturaciones y grandes filas de espera, y contar con servicios médicos, de enfermería, dentistas, psicólogas, atención a domicilio y formación de cuidadoras.
Verdaderamente potenciador y educador de la población en cuestiones de salud física, mental, ejercicio, alimentación, educación de los hijos, educación sexual. Y simultáneamente recoger datos poblaciones que permitan entender los procesos de salud-enfermedad a nivel comunitario.
Estos servicios del Nuevo Primer Nivel de Atención deben estar conectados con las escuelas de su área de geográfica, y trabajar conjuntamente en lo antes descrito. Debe contarse con un expediente clínico electrónico –con los requerimientos del primer nivel de atención– conectado en red nacional que en su caso, será utilizado en los servicios de hospitales. En el Nuevo Primer Nivel de Atención participarían voluntarios de la comunidad, estudiantes de enfermería, medicina, psicología y cualquier otro del área de la salud pública.
Cada unidad de este sistema sanitario realizaría investigación en salud, siempre y solo con el acuerdo de la comunidad, en proyectos acordados conjuntamente y en ciclos de mejora continua.
La gran tarea orientada hacia la salud nacional
Cada universidad debe preguntarse con honestidad: ¿A quién busco servir? ¿Cuáles son las necesidades de mis comunidades o región? ¿Cuáles son las necesidades del sistema de salud? ¿En qué creemos realmente en esta universidad? ¿Quiénes son nuestros estudiantes? ¿Qué contribución queremos hacer al sistema sanitario? ¿Qué contribución estamos haciendo actualmente? ¿Nuestro currículo actual contribuye a lo que deseamos aportar a nuestras comunidades? ¿Qué tanto aportamos a la equidad en salud de los mexicanos actualmente?
La Organización Mundial de la Salud proyecta que en el año 2030, habrá un déficit de 18 millones en personal de salud, y muchos países pobres –con recursos nacionales– están formando médicos para que migren a los países ricos. ¿Con recursos públicos, con becas gubernamentales estamos formando médicos de hospital para que sirvan a los Estados Unidos?
Las universidades y el sistema de salud mexicano deben entender que la formación de personal de salud es una cuestión de seguridad nacional. Deben planear un primer nivel de atención que sea: accesible, centrado en las personas, integral (que atienda y resuelva la gran mayoría de los problemas de salud, de todas las edades y sexos, incluyendo la atención de enfermedades crónicas), que esté bien coordinado, tanto localmente como cuando se envía pacientes al hospital, y que establezca relaciones a largo plazo entre médico y comunidades.
En este Primer Nivel de Atención el médico especialista en medicina familiar (EMF), debe ser un pilar central. En suma, las universidades deben formar personal de salud priorizando: 1. Los cuidados de primer contacto. 2. Los cuidados continuos de las personas (no episódicos). 3. Los cuidados integrales (biológicos, psicológicos, sociales, existenciales). 4. Cuidados coordinados con todo el sistema de salud. 5. La prevención y promoción de salud. 6. La orientación hacia las familias y comunidades. 7. Centralidad de la persona como ser digno y con valor en sí misma. A este conjunto se le llama GENERALISMO MÉDICO. No importa si lo hace un especialista en medicina familiar o un médico general, el generalismo médico ha sido, es y será indispensable en la vida humana. Mientras mayor el desarrollo tecnológico, más indispensable será la vigencia de estos 7 principios en un sistema de salud sensato y humanizado.
El generalismo debe estar incluido en un gran marco donde la Salud Pública cuida las condiciones macrosociales, y existe una política intersectorial del Estado orientada a la salud. Esto, con la participación autogestora de las comunidades y sus liderazgos. Si en algo es valedera la frase “Con el pueblo todo, sin el pueblo nada”, es justamente en la auto-organización de la nación para cuidar de su salud y participar activamente en ello.
El currículo universitario en medicina general
Para que un proyecto de salud nacional así prospere, las universidades deben asegurar que todos sus egresados hayan comprendido y participado en la función de un sistema de primer nivel de atención de alta calidad. Se trata no solo de cambios en la malla curricular teórica, donde se discutan los determinantes sociales de la salud-enfermedad, sino de que desde el primer semestre en la escuela de medicina y progresivamente, conforme el avance de su comprensión de las ciencias básicas y clínicas, hagan estancias en las unidades de excelencia de Atención Primaria, y al mismo tiempo que aprenden relaciones con pacientes reales, con los síntomas indefinidos o iniciales que rara vez verán en el hospital, podrán ver en acción la atención continua, integral, centrada en el ser humano completo, la influencia de la familia y la comunidad, las creencias culturales para bien o para mal en la salud y la enfermedad. Aun cuando estos estudiantes se dediquen a una subespecialidad en su vida profesional, habrán visto que no existe una sola causa de un problema de salud, ni una única manera de resolverlo. Estarán en mejores condiciones para coordinar los cuidados de sus pacientes con sus médicos del primer nivel de atención; ambos comprenderán que trabajan en el mismo sentido en contextos muy diferentes, y por tanto, muchos conocimientos y métodos de investigación y técnicas clínicas del hospital NO pueden aplicarse en el primer nivel de atención y viceversa.
Conclusión
El proyecto de un Sistema con acceso Universal de Salud requiere de un nuevo tipo de médico del Primer Nivel de Atención, uno que comprenda, asuma y practique los principios el generalismo médico. Y de médicos del hospital con una nueva visión: la complejidad de la salud-enfermedad. Para lograr este ideal, se requiere que las universidades mexicanas y el sistema de salud asuman conjuntamente el concepto de responsabilidad social y entrega de cuentas, el trabajo por separado de ambos sectores es ajeno al interés nacional estratégico.
Referencias
(1). Stanyon, M., Nicodemus, L., & Ramsay, R. (2024). Social accountability. En V. Wass, & V. Ng, _Family medicine in the undergraduate curriculum. Preparing medical students to work in evolving health care systems_ (p. 17-26. https://doi.org/10.1201/9781003325734-4). Boca Raton.: CRC Press. WONCA.
(2). Wilson, R. C., & Motilal, S. (2024). Changing healtcare. Building the evidence for generalism. En V. Wass, & V. Ng, _Family medicine in the undergraduate curriculum. Preparing medical students to work in evolving health care systems_ (p. 3-9). CRC Press. Taylor & Francis y Wonca.