Dicen que hay ricos tan pobres que solamente tienen dinero, y este saco le queda a la medida a los Rojinegros del Atlas, y es que con la llegada de los nuevos patrones el conjunto se está transformando en toda su identidad y esencia; ahora los nuevos dueños presumen de una infinidad de contrataciones, de patrocinadores, incluso de planes de estadio nuevo, totalmente rojinegro, pero mucho dinero y poca, muy poca sabiduría futbolística; mucho gasto y poca inversión; muchos nombres, pocos jugadores, técnico con nombre internacional pero mal director técnico; nuevos directivos, cero decisiones inteligentes.
Tras la euforia y algarabía de la presentación de los nuevos dueños, donde presumieron el músculo de los billetes, todos quedaron fascinados y maravillados. La Fiel, como casi siempre, volvió a creer, a confiar. Y aunque esto todavía no termina, sino por el contrario, apenas inicia, los pasos que se están dando solamente muestran el desconocimiento total del futbol, del equipo y la sangre rojinegra…
Corrieron al único director técnico que no solamente los llevó al título, sino que con un plantel muy pero muy modesto, la temporada pasada los calificó y los hizo jugar al estilo atlista; a Cocca lo echaron apenas unos días antes de iniciar el torneo, después dejaron a un técnico mexicano quien ganó los dos primeros partidos del torneo en calidad de visitante; dejaron ir a jugadores de valía, se pelearon con su disque director deportivo, contrataron a jugadores en posiciones innecesarias y una serie de decisiones que de tener al equipo en los primeros lugares al arranque del torneo, ahora se mantiene de milagro en posición de clasificación.
Hoy Atlas presume de mucho dinero, pero de poco, muy poco futbol; hoy Atlas presume de muchas contrataciones, pero poca alineación; hoy Atlas presume de nuevo técnico, pero poca idea de jugar; cada jornada que pasa el equipo se ve peor, la goleada recibida por el Toluca no es más que un claro reflejo del retroceso en la cancha de un equipo sin timón y dirección.
No señores, no todo es dinero. En nuestro futbol la identidad y el arraigo son ingredientes que no se compran, son valores que se forman con el tiempo y se refuerzan con el trabajo, la constancia, el amor y la pasión por unos colores que parece, estos nuevos patrones ni sienten, ni quieren, pues ven el futbol como solamente un negocio, una industria de mucho blof.