Este día se conmemoran 216 años de la Independencia de México. La república que ha perdurado durante más de dos siglos es totalmente diferente del proyecto que concibieron los integrantes de aquel naciente México de 1810. Lo más contundentemente claro desde el momento del Grito y la convocatoria de Miguel Hidalgo y Costilla, es que los mexicanos seguimos empujando y luchando por los derechos y el estado de cosas que deben existir cuando hay libertad.
El aniversario que se conmemora hoy coincide con el gobierno estadounidense de Donald Trump y la lucha contra el crimen organizado, el narcotráfico organizado en cúpulas de poder, que al final del trayecto analítico no es cosa que la personificación de la corrupción y el rechazo a la ley.
El gobierno federal que encabeza la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo pretende, en un segundo período sexenal, prolongar el proyecto de nación que impulsó Andrés Manuel López Obrador y que, ahora sabemos, postuló causas loables en favor de millones de mexicanos desfavorecidos, pero también persiste en la concentración del poder en Palacio Nacional.
En unos pocos años, cuando se revise lo que pomposamente nombraron “la cuarta transformación”, se podrán observar los errores de fondo, que no de forma, implementados por un régimen que fue una nueva repetición trágica de lo que ha ocurrido en México y en las naciones latinoamericanas: la debilidad de las instituciones en favor de la fortaleza de los caudillos.
Al celebrarse con conciertos gruperos en las principales plazas públicas del país (el Zócalo y la Plaza de la Liberación) el aniversario 216 de México, aunque queda un estrecho margen de maniobra para comprobar si el ejercicio del poder por parte de una mujer marca alguna diferencia, algún giro distinto en las determinaciones gubernamentales, que escape a la lucha intestina y las circunstancias internacionales.
Estas Fiestas Patrias nos conducen a todos a la posibilidad de que los mexicanos, en las elecciones del año entrante, corroboren pragmáticamente que Morena y sus postulados cuestionables deben seguir gobernando porque ofrecen más de un billón de pesos en programas sociales, o rompan un mito erosionado de “partido político diferente”, y le quiten la mayoría calificada en la Cámara de Diputados.
Ese cambio en la conformación del Poder Legislativo federal podría escribir un muy distinto futuro para el ejercicio de Claudia Sheinbaum en el poder. Tendría, ahora sí, que negociar con la oposición política, pero la elección aún se está escribiendo.
Es probable (pero no inevitable), que México esté entrando en un agitado y convulso período como el que se vivió después de la consolidación de la Independencia, hasta 1821. Y seguimos teniendo a los Estados Unidos como vecino.