Puerto Vallarta tiene dos fechas por delante. Febrero de 2027, cuando Pablo Lemus estima que podría recuperarse de los efectos turísticos de la violencia del 22 de febrero, y 2029, cuando se prevé que opere el nuevo puerto base de cruceros. Una de estas fechas habla de recuperar lo perdido; la otra, de crecer.
El gobernador reconoció una caída de alrededor de 20 por ciento en la ocupación hotelera respecto al año pasado. La atribuyó a la violencia y a la fortaleza del peso frente al dólar. Al mismo tiempo, anunció infraestructura para que los cruceros comiencen o terminen ahí sus recorridos, en lugar de solamente hacer escala.
La oportunidad es importante. Lemus estima dos noches adicionales de hospedaje por crucerista, con beneficios para hoteles, restaurantes y otros servicios. Pero entre la expectativa y las reservaciones, todavía hay una obra por construir y operar.
ASIPONA Puerto Vallarta, la entidad federal encargada de administrar el puerto, convocó a empresas nacionales y extranjeras a concursar por derechos de explotación durante 17 años, que incluyen desarrollar la terminal y prestar servicios en los tres muelles de cruceros. La participación federal ya existe; el esquema también abre un negocio para el operador.
Ahí cabe una pregunta: ¿Qué inversión y riesgos asumirá ese operador a cambio de los derechos que recibirá, y qué beneficio obtendrá el Estado? El anuncio no detalla ese balance ni los montos que aportaría Jalisco. No basta con estimar cuántos visitantes llegarán; también importa en qué condiciones se hará el proyecto.
Mientras tanto, permanece el reconocimiento de que los efectos de una jornada violenta podrían durar un año. Retirar bloqueos permite reabrir caminos, pero no recupera automáticamente reservaciones. La emergencia termina antes en los operativos que en el bolsillo de quienes viven del turismo.
El puerto merece seguimiento, sin descalificarlo ni dar sus beneficios por hecho. Vallarta necesita recuperar al visitante de hoy y atraer al de mañana. El anuncio de 2029 no debería desplazar la rendición de cuentas sobre lo que ocurre mientras llega.