En el debate sobre el Presupuesto de Egresos de la Federación 2027 conviene sustituir la estridencia política por una revisión seria de los números. El Proyecto de Presupuesto propone para Jalisco 241,663.7 millones de pesos de gasto programable con destino geográfico, equivalentes al 3.3% del gasto programable nacional, lo que coloca a nuestro Estado en el quinto lugar entre las 32 entidades federativas y representa un crecimiento real de 1.9% respecto de los 229,717.7 millones aprobados para 2026.
Además, el Ramo 33 pasaría de 50,980.1 a 55,304.4 millones de pesos, un incremento nominal de 8.48%, con recursos destinados a educación, salud, infraestructura social y fortalecimiento municipal. A ello se suman proyectos federales concretos: 1,000 millones de pesos para el Tren de pasajeros Irapuato-Guadalajara, infraestructura eléctrica por aproximadamente 910.3 millones de pesos, y recursos para dos clínicas del ISSSTE en Guadalajara por 51.2 y 53.4 millones de pesos, respectivamente.
Estos datos permiten afirmar algo sencillo: el presupuesto federal sí contempla a Jalisco y mantiene inversiones estratégicas para su desarrollo.
Pero nuestra visión exige decir lo que falta. No debemos confundir el gasto programable geográfico con una bolsa de dinero disponible para el gobierno estatal, ni convertir cada cifra federal en un argumento partidista. El proyecto muestra para los grandes proyectos hidráulicos estratégicos de Jalisco, recursos para saneamiento, mediante proyectos compartidos con otras entidades.
Para el Río Santiago se contemplan 16.77 millones de pesos en un proyecto conjunto Jalisco-Nayarit; para agua potable y administración del agua, 64.1 millones, y para subsidios hidroagrícolas, 31.6 millones. Por eso, el verdadero debate para Jalisco no debe reducirse a decir que hay abandono o, en sentido contrario, que todas las necesidades están resueltas. Debemos revisar peso por peso, destino por destino y necesidad por necesidad. Desde una perspectiva social, el reto es que el presupuesto se traduzca efectivamente en agua, salud, educación, movilidad, infraestructura y bienestar para las personas, particularmente para quienes históricamente han tenido menos capacidad para hacer escuchar sus necesidades.
Resulta insuficiente sostener que la Federación “no quiere a Jalisco” o que existe un abandono federal. Los hechos no sostienen ese relato. La pregunta que debemos hacernos es otra: ¿Los recursos que llegan al Estado se están administrando con transparencia, eficiencia y sin corrupción? Porque querer a Jalisco no se demuestra solamente exigiendo más recursos a la Federación; se demuestra haciendo que cada peso público se convierta en mejores servicios, infraestructura y bienestar. Y también debemos preguntarnos si quienes gobiernan realmente ven a Jalisco como un Estado al que deben servir, o como un botín del que pueden servirse.
Hay una verdad que merece ser dicha con claridad: Jalisco no está solo; Jalisco importa. La Federación, está presente en sus caminos, proyectos de movilidad, infraestructura, escuelas, y en las acciones que buscan mejorar las condiciones de vida de las y los ciudadanos. Gobernar es cuidar, y cuando los recursos federales llegan para atender las necesidades de las personas, para abrir oportunidades se construye un futuro más digno.
Lo que corresponde ahora es que quienes tenemos una responsabilidad pública estemos a la altura de ese esfuerzo y hagamos que cada recurso se transforme en bienestar, porque el amor por Jalisco no se proclama desde una tribuna: se demuestra trabajando por su gente.