Dos feminicidios: uno en Cuernavaca, el de Claudia Tacoronte; otro en Guadalajara, de Karla Pérez Jiménez. Ambas eran estudiantes y apenas pasaban los 20 años. Las dos estaban desprotegidas y sus muertes, que son tragedias, increpan a todos: las autoridades, las universidades y a los mexicanos. Es urgente reaccionar.
Al dar cuenta de estos sucesos, lamentables y peor todavía, totalmente evitables, pierden sentido y hasta parecen chocantes los permanentes anuncios de reducción de homicidios y feminicidios en México. ¿Qué se le puede decir a los españoles, a la Universidad de Granada que cortó de inmediato el intercambio de estudiantes que, como Claudia Tacoronte, pretendían venir a la Universidad Autónoma de Morelos?
Se pueden construir numerosas frases de reclamo y lamento, pero ya no tienen mucho sentido.
Karla Margarita Pérez Jiménez estudiaba Medicina. Decidió abordar una motocicleta de la plataforma Uber que, aunque no cuenta con permiso de las autoridades estatales en Jalisco, están dando el servicio de manera regular. Y después no se supo más de ella, hasta que su cuerpo fue encontrado a unos metros de una brecha cercana a las instalaciones del Centro Universitario de Ciencias Biológicas y Agropecuarias (CUCBA) de la Universidad de Guadalajara. La ironía y la injusticia son mayores, porque Karla no era estudiante de este centro, pero le quitaron la vida ahí.
Y los estudiantes reaccionaron con una manifestación, con reclamos de demandas viejas que no han no sido correctamente atendidas: en esa brecha, estudiantes del CUCBA han sido asaltados y acosados.
La violencia aparece cuando menos lo esperamos. Cuando el discurso público nos invita a creer que la situación ya está bajo control, ocurren nuevas tragedias que nos golpean.
Cuando se reconocía la lucha frontal contra el crimen organizado, los delincuentes empezaron a reclutar a menores de edad; cuando más se habla de proteger a las mujeres y se abren espacios para ellas, ahora están atacando a las jóvenes estudiantes.
Sería erróneo caer en una situación de pánico y considerar que eso está ocurriendo en todo el país, pero estos dos feminicidios en lugares alejados y diferentes entre sí, como Morelos y Jalisco, sí marca un patrón de emergencia: se requiere pasar del discurso a medidas más firmes y contundentes de prevención y protección.
No es suficiente proclamar los derechos de las mujeres y condolerse de la violencia contra ellas. Faltan las medidas y deben aplicarse en el ámbito particular de las familias, en las universidades y escuelas, en el transporte y en la vía pública. Para empezar.