En México, el feminicidio se convirtió en una de las estadísticas más dolorosas de todas. Detrás de cada número hay vidas interrumpidas, familias rotas y, en la mayoría de los casos, un Estado que llega tarde, acciones aisladas y mucha impunidad.
Ser mujer en México sigue siendo una actividad de alto riesgo. Esta idea es una que ninguna sociedad debería aceptar, pero aquí pareciera no importarle a las autoridades. Las violencias contra las mujeres han alcanzado prácticamente todos los espacios: la calle, el transporte público, el trabajo y la casa, y ninguna mujer queda exenta, niñas, jóvenes, madres, incluso mujeres que vienen del extranjero a nuestro país, como la estudiante española Claudia Tacoronte, asesinada en Morelos.
En los primeros 9 meses de 2026, el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP) registró 420 casos de feminicidio en México. La cifra representa más de una mujer asesinada por razones de género cada día. Esto sin sumar los homicidios dolosos de mujeres que no son catalogados como feminicidio en las fiscalías y ministerios públicos.
La semana pasada un caso estremeció a Jalisco, el de la estudiante de medicina, Karla Margarita Pérez, reportada como desaparecida el 14 de septiembre. La tarde del 16, su cuerpo fue localizado en un predio cercano al Centro Universitario de Ciencias Biológicas y Agropecuarias (CUCBA) de la Universidad de Guadalajara, en Zapopan.
Karla era una estudiante foránea, originaria de Irapuato, Guanajuato. A sus 22 años de edad tenía toda una vida por delante con su sueño de convertirse en doctora. Hoy ese sueño es uno de los miles y miles de sueños truncados por la violencia feminicida de este país.
El pasado viernes 18, la Fiscalía de Jalisco reportó en Tala la detención de Eduardo “N” presunto feminicida de Karla Margarita. El detenido prestaba servicio de chofer de plataformas, las investigaciones apuntan a que ella solicitó un servicio, el cual fue asignado a Eduardo. El feminicidio de Karla despertó una ola de manifestaciones, publicaciones en redes sociales y notas informativas, fenómeno que aceleró los trabajos de las autoridades, pero no siempre ocurre lo mismo.
Son muchas las familias mexicanas que enfrentan investigaciones lentas, expedientes incompletos, negligencias y en algunos casos, la indiferencia de las instituciones de seguridad. En 2025 solo el 15% de los casos de feminicidio en el país llegaron a judicializarse.
Si algo se les adeuda a las mujeres de este país es justicia, desde tener igualdad salarial, hasta vivir seguras. México no debe ser un país acostumbrado a contabilizar casos de mujeres asesinadas. Cada feminicidio es una derrota institucional, cada investigación a medias es una segunda forma de violencia, y cada agresor impune, un mensaje de vulnerabilidad para las mexicanas. Algo debe cambiar.