Cada vez que se conocen los resultados de PISA en México, ocurre prácticamente lo mismo: aparecen las descalificaciones, los reclamos y la búsqueda inmediata de culpables. Y, desde luego, hay razones para preocuparse. Pero quizá estamos viendo el problema desde una perspectiva demasiado mexicana. Como se dice por ahí, estamos concentrándonos solo en el árbol y dejamos de ver el bosque.
Los resultados más recientes de PISA, correspondientes a 2025, muestran algo que debería hacernos pensar: la caída del desempeño educativo no es un fenómeno exclusivo de México. La OCDE reporta que, entre 2015 y 2025, el promedio de los países miembros cayó 28 puntos en lectura y 22 en matemáticas. En lectura, tres de cada cuatro países y economías con datos comparables registraron una disminución entre 2018 y 2025.
España, por ejemplo, también ha experimentado retrocesos importantes. Y no es un caso aislado. Alemania, Finlandia, Francia, Canadá, Países Bajos, Nueva Zelanda, entre otros, ya mostraban deterioros en algunas áreas incluso antes de la pandemia. Esto significa que atribuirlo todo al COVID-19 resulta insuficiente.
Entonces, ¿qué está pasando?
Primero, la pandemia. Es difícil negar que el cierre de escuelas y la interrupción de las actividades presenciales tuvieron consecuencias. Pero la propia OCDE advierte que la pandemia explica solamente una parte del fenómeno. Hay países que tuvieron cierres prolongados y otros que los tuvieron mucho más limitados, sin que exista una relación sencilla entre duración de los cierres y caída de resultados.
Segundo, nuestra nueva relación con las pantallas. Hemos cambiado la manera de informarnos. Pasamos de leer textos largos a consumir fragmentos; de buscar explicaciones a buscar respuestas; de profundizar en un tema a desplazarnos rápidamente de uno a otro. No se trata de satanizar las tecnologías. La propia OCDE encuentra que el uso moderado de herramientas digitales con fines educativos puede estar asociado con mejores resultados. El problema aparece cuando el dispositivo deja de ser una herramienta para aprender y se convierte en una fuente permanente de distracción.
Tercero, la Inteligencia Artificial (IA). Aquí apenas estamos comenzando a entender las consecuencias. La IA puede ser una extraordinaria herramienta para aprender, investigar y resolver problemas. Pero también puede hacer innecesario el esfuerzo intelectual que antes exigía realizar esas tareas. Si una herramienta resume el libro, redacta el ensayo, encuentra la respuesta y explica el problema, la pregunta es qué sucede con la capacidad de leer, comprender, cuestionar y elaborar una respuesta propia.
Durante décadas, la escuela nos enseñó a buscar información porque encontrarla no era sencillo. Hoy ocurre exactamente lo contrario: vivimos rodeados de información. El desafío ya no consiste solamente en encontrarla, sino en saber qué información es cierta, comprenderla, relacionarla, cuestionarla y construir una conclusión propia.
Por eso, quizá PISA nos está diciendo algo mucho más profundo que simplemente que los jóvenes mexicanos saben menos matemáticas o leen peor que antes. Nos está mostrando que estamos atravesando una transformación en la manera en que las nuevas generaciones aprenden, leen, se informan y piensan.