El pasado 17 de septiembre de este año, en la Unión Europea se presentó la Ley KIDS, su propuesta más dura hasta hoy para regular las redes sociales de menores, ahora no solo imponiendo un límite de edad.
La iniciativa propone cuatro ejes:
El informe de expertos que citó la presidenta de la Comisión Europea, Úrsula Von der Leyen (Alemania, CDU) al presentar la propuesta, identifica la ventana de 13 a 15 años como la “zona crítica” a regular: ya que en ella se da la formación de identidad y hay una reactividad emocional máxima. La UE rechazó el modelo australiano de prohibición total hasta los 16 por “poco realista”.
Ahora bien, ¿esto podría aplicarse en México? Sí, es posible e incluso urgente, pero hay que hacerlo conforme a nuestra realidad.
Primero no tenemos una propuesta de ley equivalente, sólo declaraciones de la presidenta Sheinbaum sobre una posible regulación de las redes y la prohibición de los celulares en la educación básica. A nivel legislación, contamos con los artículos 4 y 16 constitucionales, la Ley General de Derechos de NNA (LGDNNA) y la Ley de Protección de Datos (LFPDPPP), pero la verificación de edad sigue siendo autodeclarativa.
Una ruta viable, aprovechando la experiencia allá, pero sin copiar y pegar toda la iniciativa europea, sería reformar la LGDNNA para reforzar el concepto de “interés superior en entorno digital” y facultar a las Secretarías de Salud, de Educación y las que tengan competencia, incluida la autoridad de telecomunicaciones, a emitir NOM de diseño seguro, más las reformas correspondientes en la Ley de Privacidad mexicana.
Sin embargo, si se busca prohibir, lo cual parece poco realista, o regular en ciertas edades, habría que resolver cómo hacer un adecuado control parental y de las propias plataformas, ya que se tendría que usar algún tipo de verificación electrónica de los padres o tutores, respetando minimización y seguridad de datos, además de prohibir por Ley, los patrones oscuros en plataformas que operan en México y, que haya una intervención coordinada de las autoridades de protección de datos, competencia y telecomunicaciones.
En realidad, la medida de fondo debería seguir apuntando a la alfabetización digital y al diálogo en familia; es convencer y tener esos controles con transparencia: hoy la niñez y las personas adolescentes tienen acceso cada vez más temprano a la tecnología y eso implica una educación digital desde muy pequeños, y también eso para los padres, que muchas veces no saben más que sus hijos y le tienen miedo a la tecnología.
Por eso es importante enseñarles a los padres, por ejemplo, cómo pueden fijar tiempo y revisar contactos, o cómo seguir respetando lo más posible la privacidad de los adolescentes, entre otras cosas.
En estos segmentos de edad, los menores deben saberse cuidados, pero también supervisados para ser guiados adecuadamente, además de asegurarse por las autoridades educativas, el seguimiento pertinente en el entorno escolar y la participación de los padres en las medidas de la comunidad educativa.
El reto es principalmente de educación, aunque también ético y político, porque implicará regular y enfrentar a las plataformas que hoy monetizan la atención adolescente. ¿Estamos listos?