Claudia Sheinbaum Pardo presentó su segundo informe de gobierno y recién acaba de terminar un recorrido relámpago por todo el país, en el que cada evento de rendición de cuentas fue en realidad, un abierto acto de propaganda. Sin embargo, su segundo año de gestión concluye hasta el miércoles de esta semana. Sólo un día después estará comenzando su tercer año de gobierno y contrario a lo que muchos pudieran considerar, el mayor reto para ella y su equipo no es Donald Trump ni los intereses estadounidenses.
Apenas la semana pasada el presidente de los Estados Unidos llevó todavía más lejos la crítica a México. Nada menos que en la tribuna de la Asamblea General de la ONU, se refirió a nuestro país como el mayor de los problemas de seguridad en el hemisferio, pues aquí radican los cárteles del narcotráfico y el crimen organizado. Y no es confusión, no, el tono de su mensaje fue el de un reclamo al gobierno mexicano. Una traducción libre y aproximada podría ser: “el gobierno de México no los detiene”.
El mensaje fue contundente. Tanto que la presidenta Sheinbaum, que sorpresivamente no acudió a la Asamblea General de la ONU, se negó a pronunciar nada desde su tribuna privada en Palacio Nacional.
Claro, el discurso de Trump puede ser totalmente cuestionable. Días atrás, la presidenta mexicana había pedido –entrando de lleno al juego de los reclamos mediáticos– un informe de los resultados del combate a las adicciones en Estados Unidos. La traducción en este caso sería: “Sí, de aquí salen las drogas y los cárteles, pero ustedes las consumen y las compran”.
Que Trump y Sheinbaum hablan para su tribuna, es cierto. Que ambos abordan la permanente tensión entre las dos naciones con la vista puesta en las elecciones (noviembre en EE.UU. y 2027 en México) también es verdad, pero que el choque entre las dos naciones es desventajoso para nuestro país, sólo podrán negarlo los necios.
Si la observación de este fenómeno se da más en perspectiva y menos en el enfoque de las fraseologías presidenciales, se puede apreciar que el verdadero, el auténtico reto para el gobierno mexicano es retomar el control en México.
La presidenta Sheinbaum Pardo empieza un tercer año de gobierno acotada por la influencia de Andrés Manuel López Obrador y su ejército de seguidores (auténticos o convenencieros, da igual), y si la presidenta se queja porque esa es una “visión muy machista”, eso no le resta capacidad de influencia e injerencia al expresidente.
Inicia también un nuevo año de administración mientras la violencia ejercida por los cárteles de la droga recrudece; y no, no son válidas las estadísticas de disminución de homicidios dolosos si la influencia territorial de las organizaciones delincuenciales, sigue tan firme como en el sexenio pasado. Porque además –y esto es obvio–, los criminales van a resistir y tratar de mantener e incrementar su poder, a pesar de que detengan y “eliminen” a sus líderes.
El gran siguiente paso que debe dar la presidenta Sheinbaum, acosada también por un uso político y faccioso (totalmente evidente) de la Fiscalía General de la República, la Unidad de Inteligencia Financiera y hasta parte del Poder Judicial federal, es enfrentar a la justicia a los políticos coludidos con el crimen organizados. Todos. Los morenistas, que son mayoría, y los que son de otros partidos políticos.
Cuando el gobierno de México controle el territorio y administre el uso de la violencia exclusivamente para aplicar la ley, ¿qué podrá decir Trump? Ojalá estuviéramos en ese escenario.