La idea de que la democracia se encuentra en crisis se hace visible con la proliferación de gobiernos autoritarios, discursos y narrativas populistas, polarización política, pérdida de confianza en las instituciones, así como al ver que sectores sociales parecen estar dispuestos a aceptar gobiernos menos democráticos si estos son capaces de resolver sus problemas. Sin embargo, el Latinobarómetro 2026 obliga a matizar esta idea.
Después de 30 años de medir la opinión pública de América Latina, el Latinobarómetro revela que el apoyo a la democracia tuvo una leve recuperación, pasando de 48% en 2023 a 52% en 2024 y manteniéndose en su edición de 2026. Y sí, es cierto que estamos lejos de los niveles observados en otros años, pero también es cierto que la ciudadanía latinoamericana no ha abandonado del todo la democracia.
El dato importante no es que la democracia tenga 52% de apoyo. El dato verdaderamente preocupante está en otro lugar: la ciudadanía está dejando de confiar en que el Estado sea capaz de resolver sus problemas.
Por ejemplo, en 2026 solamente 26% de los latinoamericanos consideró que el Estado ha hecho “mucho o algo” por ellos, mientras que 73% señala que ha hecho “poco o nada”. En 2011 quienes tenían esta última percepción representaban 63%. Es decir, en quince años aumentó diez puntos el porcentaje de ciudadanos que consideran que el Estado prácticamente no ha hecho nada por ellos.
Cuando se analiza a los servicios públicos, el problema resulta todavía más evidente. La satisfacción con la educación pública pasó de 54% en 2009 a 40% en 2026; la de los hospitales públicos cayó de 46% a 28%; el sistema judicial pasó de 33% a 22%, y la satisfacción con la policía disminuyó de 35% a 30%.
¿Entonces estamos frente a una crisis de la democracia o frente a una crisis de resultados que los gobiernos están entregando? Desde nuestra perspectiva, esta es una de las principales aportaciones del Latinobarómetro.
La ciudadanía puede seguir creyendo que la democracia es el mejor sistema de gobierno y, al mismo tiempo, estar profundamente insatisfecha con la manera en que funcionan sus gobiernos. De hecho, solamente 30% de los latinoamericanos son considerados demócratas satisfechos. Otro 22% apoya la democracia, pero está insatisfecho con ella. Además, la proporción de quienes consideran que la democracia es “el mejor sistema de gobierno, excepto por todos los otros” disminuyó de 79% en 2013 a 65% en 2026.
Esto es importante porque demuestra que el ciudadano no necesariamente está rechazando la democracia; está cuestionando la democracia que conoce y los resultados que recibe de ella.
En pocas palabras, el Latinobarómetro 2026 no nos está diciendo que los latinoamericanos hayan dejado de querer democracia. Nos está diciendo algo más incómodo: todavía la quieren, pero cada vez tienen menos paciencia con gobiernos que no son capaces de hacerla funcionar. Y esa diferencia puede ser, precisamente, la que determine el futuro político de nuestra región.