Expertos en bioseguridad, como Kevin Esvelt (MIT), señalan que si se acepta la versión rusa no se trataría de peste, pero resulta llamativo que no se conozca la causa en una joven que murió de neumonía

Una investigadora rusa de 28 años murió de una neumonía de origen no aclarado en el Instituto Antipeste de Irkutsk, en Siberia. Las autoridades rusas dicen que no se detectó peste ni otros patógenos de alto riesgo ligados a su trabajo, ni en ella ni en la mayoría de sus contactos, sí hallaron algunos casos de COVID y rinovirus.
La OMS indicó que Moscú le informó que no hay peste confirmada entre los contactos, aunque sigue pendiente la causa exacta de la muerte.
In 1992, Boris Yeltsin admitted the Soviets had a BW program. Months later, Frank Wisner — then Under Sec State — led a US delegation to Moscow to press Russia to come clean on its biological warfare program. Russia never did so.
What’s important in Wisner’s declassified speaking points (below) is the heavy emphasis on Russia’s plague weapons, including work on “genetic engineering and other techniques” & “to make plague bacteria resistant to antibiotics, and to make the agent more suitable for weaponization.”
The Irkusk institute is not mentioned by name, but rather indirectly as part of “the former USSR’s anti-plague infrastructure” where agents were developed for biological warfare (p.4).
It is important that Russia release the details on what pathogen killed Dariya Shipilova, & whether offensive BW activities continue at the Irkutsk lab where she worked.
https://t.co/AcIsaozcMM
— Marshall S. Billingslea (@M_S_Billingslea) October 6, 2026
Marshall Billingslea, exenviado especial de Trump para control de armamentos, advirtió en X que el caso “podría ser mucho peor” que la peste común. Se basa en lo que le contó hace décadas Ken Alibek, desertor y ex número dos del programa soviético de armas biológicas: que en instalaciones como la de Irkutsk se habría trabajado en cepas de peste resistentes a antibióticos y en “quimeras”, una fusión de varios patógenos.
Expertos en bioseguridad, como Kevin Esvelt (MIT), señalan que si se acepta la versión rusa no se trataría de peste, pero resulta llamativo que no se conozca la causa en una joven que murió de neumonía, cuando la secuenciación suele identificar patógenos. Subrayan que las hipótesis más alarmantes siguen siendo solo eso, una “hipótesis”.
El Departamento de Estado de Estados Unidos sostiene que Rusia mantiene un programa ofensivo de armas biológicas en violación de la Convención de Armas Biológicas, heredado del soviético. Esa evaluación no vincula el programa con esta muerte, y Rusia niega tener tal programa. La administración Trump dijo que vigila el caso y que estaría dispuesta a ayudar si hace falta, por el riesgo de que un brote cruce fronteras.