No fue una casualidad, tampoco “graves errores” ni fallas en la implementación de protocolos. Lo acontecido el pasado domingo 11 de octubre afuera de Casa Jalisco se describe con una sola palabra: vergüenza. Y lo más preocupante es que no fue un hecho aislado, sino un verdadero modus operandi de los gobiernos naranjas cada que el pueblo decide protestar ante una causa justa que a ellos les resulta incomoda.
El hartazgo popular llegó al tope. ¿Y cómo no?, si un gobierno omiso e indolente permitió que un serio problema de agua potable en mal estado, focalizado en algunas colonias, escalara a una grave crisis sanitaria que está afectando a más de un millón de habitantes del Área Metropolitana de Guadalajara. Su corrupción, negligencia y opacidad generó una indignación tal, que el pueblo se organizó y salió a protestar en un número tan alto como no se veía desde hace mucho tiempo en la ciudad.
¿La respuesta? Está a la vista. Chorros de agua limpia usados como arma para agredir a ciudadanos; gases lanzados indiscriminadamente que afectaron a niños, adultos mayores y jóvenes; policías, vestidos de civil y uniformados, agrediendo salvajemente a manifestantes, llegando al punto de “corretearlos”, golpearlos y detenerlos incluso a varias cuadras del punto original de la protesta. Y después, con los detenidos, retenciones ilegales, tortura, fabricación de delitos y prisión injustificada.
“Lo que sucedió el pasado domingo nunca más debe repetirse en nuestra ciudad, ni en nuestro Estado”, exclamó solemne y pálido el gobernador de Jalisco en un mensaje grabado de arrepentimiento (que no de disculpas). La pregunta es: ¿cuántas veces más tendremos que escuchar el mismo falso arrepentimiento de parte de gobernantes naranjas y después cometer graves violaciones a los derechos humanos de ciudadanos que, con justicia, protestan ante sus errores, omisiones o abusos?
El 4 de mayo de 2020, Giovanni López, un joven trabajador de Ixtlahuacán de los Membrillos, fue detenido arbitrariamente y ejecutado extrajudicialmente por autoridades municipales. Ante el abuso vino la indignación y la protesta, que fue respondida con una represión brutal por el gobierno estatal entre los días 4, 5 y 6 de junio, dejando lesionados, actos de tortura y 28 detenciones arbitrarias el primer día de protestas; 80 manifestantes agredidos y, literal “levantados”, por agentes vestidos de civil en los alrededores de la Fiscalía del Estado, el segundo día; y otros seis manifestantes agredidos, detenidos y procesados, en el tercer día de represión.
El gobernador quiso culpar al gobierno federal, después “pidió disculpas”, liberó (bajo proceso) a los jóvenes detenidos e inició averiguaciones para inculpar a elementos de segundo rango. ¿Les suena familiar con los recientes hechos acontecidos en Casa Jalisco? Al brutal caso señalado, se agregaron, en el sexenio anterior, severas represiones a familiares de personas desaparecidas (marzo de 2023, agosto de 2024), a feministas (julio de 2021) y a comunidades indígenas (mayo de 2019), entre otras.
Lo que parecía ser el sello personal de un gobernante déspota, arrogante y cruel, resultó ser el estilo de gobierno de todo un partido que, más que “ciudadano”, es sumamente intolerante, corrupto y represor por vocación, al más puro estilo de aquellos terribles gobiernos priistas de las últimas décadas del siglo pasado.
Lo vivido el pasado domingo no fue un hecho aislado, no fue una lamentable excepción, sino una forma sistemática de gobernar mediante el miedo y la represión. Pero el miedo fue reemplazado por la indignación, y ninguna represión es capaz de detener la demanda de justicia de un pueblo que ha despertado y no está dispuesto ya a seguir soportando los gobiernos “al estilo Jalisco”.
El 11 de octubre será recordado como el día en que el pueblo de Jalisco decidió, dolorosamente, quitarse la venda de los ojos y actuar…