En esta semana de octubre, la Universidad de Colima será sede del XIV Congreso de la Red de Investigación en Gobiernos Locales Mexicanos, IGLOM. El tema no podría ser más urgente: poner a las personas al centro de los gobiernos.
Ahí hablaré sobre “El Municipio Digital frente al Centralismo”, y la pregunta que le hago a la gente es directa: ¿De qué sirve digitalizar un municipio si sigue sin poder decidir por sí mismo?
Hoy vivimos una recentralización disfrazada de modernidad. Durante 20 años le quitaron dinero y facultades al municipio, el gobierno más cercano a usted, el que da el agua, la basura y la licencia de uso de suelo. Ahora le quieren quitar también su propia tecnología y sus datos.
Hay dos trampas. La primera es privada. El municipio sin personal capacitado, ingenieros propios, informáticos, tiene que comprar un software enlatado, carísimo. Pierde el control de su catastro y de sus padrones y queda condenado a pagar rentas para siempre. Es lo que llamamos vendor lock-in.
La segunda trampa es del gobierno estatal o federal, federal que no dicen que le regalan un sistema y que parece gratis, pero no puede modificarlo. No puede adaptarlo a su pueblo, a su realidad o idiosincrasia, como hoy se debate el tema del Catastro en el Valle de México y otras zonas metropolitanas. Si quiere cambiar un requisito, tiene que pedir permiso a la capital. Es centralismo puro, pero con una pantalla bonita. Es el state lock-in.
Esto no es un tema técnico. Imaginemos a un algoritmo mal regulado que decide a quién le toca un apoyo, dónde va una patrulla o qué negocio se clausura, puede discriminar, espiar o vigilar sin que nadie lo pueda auditar. Si el municipio solo es usuario pasivo, la autonomía del artículo 115 de la Constitución se vuelve letra muerta.
Por eso propongo en Colima dejar de ver al Municipio Digital como solo poner trámites en línea o llevar la información a un disco duro. Es una lucha por el poder local y sus propias capacidades, en pocas palabras ser dueño de su desarrollo local.
Mi propuesta es el Modelo Marco de Gobernanza Digital Local e Interoperable. Son diez dimensiones, pero le explico tres que le tocan a usted:
Uno, soberanía de datos. Los datos que genera su municipio moviéndose, consumiendo agua o comerciando son un bien común. No pueden ser extraídos por empresas para luego vendérselos al mismo ayuntamiento.
Dos, transparencia algorítmica. Si su alcaldía usa Inteligencia Artificial, usted tiene derecho a saber qué algoritmo usa, para qué y qué humano lo supervisa. Propongo un Registro Municipal de Algoritmos público, y prohibir el reconocimiento facial masivo sin autorización.
Tres, participación real. No es una encuesta en Facebook. Deben ser plataformas de código abierto donde usted delibere, vote en qué se gasta el presupuesto participativo y vigile la obra en tiempo real, incluso en su lengua originaria.
Más de la mitad de los municipios de México sigue trabajando 100% en papel. Pedirles la misma plataforma que a un municipio rico es condenarlos a simular: hacen un portal bonito para la foto, pero atrás todo sigue en libretas.
El federalismo real no le teme a que cada municipio tenga su propio sistema. Lo que necesita es que esos sistemas hablen entre sí, que sean interoperables, no iguales y subordinados, en eso se parecían los sistemas locales de Transparencia que había en Edomex y que se comunicaban con la Plataforma Nacional de Transparencia (PNT), sin subordinarse y con mayores facilidades al particular.
Si le devolvemos al municipio su capacidad de decidir su tecnología y de proteger sus datos personales, la transformación digital dejará de ser un instrumento de control y se convertirá en lo que debe ser: la mejor defensa de la democracia desde lo local.
Nos vemos en Colima del 21 al 23 de octubre. Pueden seguir el Congreso en http://www.iglom.org.mx/14congreso y en redes sociales.