El pasado 6 de diciembre, por unanimidad de las y los 34 legisladores presentes en el salón del pleno del Congreso del Estado, se aprobó el nombramiento de María Teresa Brito Serrano como titular de la Contraloría del Estado de Jalisco a propuesta del gobernador Pablo Lemus Navarro para el periodo 2024-2030, situación que resalta por el consenso logrado entre las diversas fuerzas políticas legislativas, en este ejercicio de equilibrios en el que dos poderes intervienen en el nombramiento de una funcionaria como es este el caso.
Adquiere particular relevancia este nombramiento derivado de un caso único en la historia de Jalisco y tiene que ver con que la Lic. María Teresa Brito Serrano es la titular del Órgano Interno de control del Poder Ejecutivo estatal por tercer sexenio consecutivo, ya que ocupó el cargo en la segunda mitad del periodo del gobernador Jorge Aristóteles Sandoval Díaz; fue invitada a seguir en el cargo y aprobada en la Legislatura estatal con el gobernador Enrique Alfaro Ramírez y a partir de la semana pasada, en el acontecimiento ya relatado en este sexenio, que encabeza el gobernador Lemus Navarro.
Un hecho inédito, al ser la Contraloría estatal un cargo complejo. Nunca es cómodo. Existe tensión permanente con el resto del gabinete por ser la vigilante, el revisor, el preventivo de faltas administrativas y presuntos actos de corrupción y hacerlo en tres sexenios consecutivos y con gobiernos estatales emanados de dos partidos políticos diferentes, sin duda se convierte en un caso atípico y exitoso en la historia del Estado.
Por todo lo anterior vale la pena detenernos un momento para reconocer las virtudes de la contralora como servidora pública, que sin sus capacidades y don de persona de bien, esto no se podría lograr.
Teresa Brito cuenta con la virtud del equilibrio en su desempeño profesional y en su actuar personal cotidiano; es constructora de puentes institucionales, de prudencia y paciencia en la labor didáctica que tiene que desarrollar todos los días para capacitar, orientar, convencer a las miles de personas que se desempeñan en el servicio público en Jalisco, otorgando las herramientas de prevención en posibles actos de corrupción, pero también es firme cuando toca aplicar la norma, las auditorías y el seguimiento a los resultados, llegando hasta las últimas consecuencias jurídicas en el entramado normativo anticorrupción, teniendo en su actuar la premisa de la perspectiva de género, siempre acompañada en la construcción institucional de diversos actores académicos y de la sociedad civil.
Su capacidad de escucha es amplia; su voluntad de consenso siempre está presente y su firmeza de actuación es permanente. Por ello escribo estas líneas en un pequeño reconocimiento a su larga y transparente carrera pública con alto afecto.