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Vicente Viveros
Vicente Viveros
Politólogo, Integrante del Comité de Participación Social del Sistema Anticorrupción del Estado de Jalisco y Académico de la UdeG. Tiene una amplia trayectoria en el sector público municipal, estatal, federal y en organismos constitucionales autónomos

Venezuela y la indignación selectiva

6 enero 2026
|
05:00
Actualizada
20:37

Mucha reflexión y tinta a nivel internacional provocó el arresto del ex presidente Nicolás Maduro en una escena que parece sacada de una película de Hollywood, en donde las fuerzas de inteligencia y armadas estadounidenses, en un operativo quirúrgico y rápido, ingresaron por tierra y aire a territorio venezolano, capturaron y trasladaron a Nueva York a Maduro y su esposa, para llevarlos a juicio por diversos delitos, dejando estupefacto al resto del planeta por la osada acción y eficaz resultado.

A partir de entonces, la opinión pública internacional se dividió en dos bandos: los primeros festejando el arresto del dictador y la otra parte, condenando el evento. Sin duda, ambas partes con una parte de razón, pero en donde queda al descubierto la incapacidad de los organismos internacionales para resolver un problema que tiene varios lustros creciendo en la República Bolivariana de Venezuela.

Nadie puede poner en duda que la dupla Chávez-Maduro construyó un régimen dictatorial en donde se fue diluyendo la división de poderes, se cooptaron las instituciones electorales, de derechos humanos y los militares asumieron el poder único de manera disfrazada en algunos casos o de manera franca y abierta en otros; la reducción de los derechos humanos fue la constante en un esquema de represión que creció exponencialmente y se empobreció de manera brutal a la inmensa mayoría de su población a pesar de ser el país con el mayor número de reservas petroleras en el planeta, acompañado por la duda razonable de proteger e incluso alentar a grupos del narcotráfico para un negocio que no reconoce fronteras.

En este escenario, primero la comunidad internacional y sus organismos como la ONU y la OEA quedaron cortas al no tener la capacidad de ejercer la presión suficiente para que el régimen de Maduro reconociera la estrepitosa derrota en la última elección presidencial en la que resultó ganador Edmundo González, con una abrumadora mayoría de votos demostrada con las actas de escrutinio. La represión y la negación de la realidad dieron cuenta de uno de los fraudes electorales más grandes de las últimas décadas sin que la movilización social interna y el desconocimiento del triunfo, e incluso el rompimiento de relaciones diplomáticas de algunos países, lograra persuadir a Maduro y aliados de rectificar.

En este último punto no puedo ser omiso en la selectividad de la indignación política y académica, particularmente la nacional, pues varias personas de estos sectores guardaron un ominoso silencio ante el fraude o incluso se atrevieron a justificarlo, y ante el embate estadounidense se desgarran las vestiduras por la violación a la soberanía venezolana. Siendo claro: Si guardaste silencio ante el fraude electoral y vociferas sobre la intervención para detener a Maduro, sin duda estás en el lado incorrecto. Deleznables ambos hechos.

Termino, al escribir estas líneas, sobre el espacio nuboso que se vive en Venezuela sobre su futuro inmediato. Delcy Rodríguez asume la presidencia en medio de Donald Trump y del resto de las facciones del poder en Venezuela. Es claro que Estados Unidos irá por el petróleo venezolano, además de dar un manotazo en la mesa internacional con un poderoso mensaje a China, Rusia e Irán, delineando lo que considera su territorio de influencia y dejando claro que no permitirá su intervención en todo el Continente Americano.

De la restitución de las instituciones, del restablecimiento de la normalidad democrática, del reconocimiento a Edmundo González como presidente legítimo luego hablamos; eso pasa a segundo término. No olvidemos que Estados Unidos esperaba cualquier pretexto y la consecuencia de no haber reconocido el resultado electoral fue el detonante para la construcción discursiva junto con el del narcotráfico, para así detonar los hechos conocidos, por eso hay que cuidar las democracias electorales, de lo contrario es más sencillo hacer valer la ley del más fuerte.

 

*Las opiniones y contenidos en este texto son responsabilidad total del autor y no de este medio de comunicación.
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