Llegó el día, la historia del último medio siglo del país es cíclica en cuanto a los liderazgos del crimen organizado, unos crecen pronto y son sus propios excesos en el complejo medio en el que se desenvuelven, los que hacen que pronto sean eliminados o arrestados. Otros son añejos en el tiempo, incluso duran décadas y ahí están los casos del “Chapo”, el “Mayo” o el “Azul”, por mencionar solo a los más famosos. El caso de Nemesio Oseguera es de más o menos un cuarto de siglo, desde que inició su carrera delictiva en Aguililla, Michoacán, allá por los años noventa, hasta el 22 de febrero del presente, en donde se dieron los hechos hoy conocidos en todo el orbe.
La localización, enfrentamiento y muerte de “El Mencho” a cargo de las Fuerzas Armadas es sin duda, no se puede escatimar, el hecho de mayor relevancia en el tema del combate al crimen organizado en la era contemporánea de México y un gran acierto para la presidenta Sheinbaum. No es exagerado decir que era el criminal más buscado y relevante del planeta, con un imperio nacional y trasnacional en el que la droga, si bien era el negocio más importante, se acompañó al paso del tiempo por otras vertientes ilegales y “legales” en todas las ramas de la industria y el comercio, un reinado que aún hoy, no conocemos en su totalidad.
Tengo la idea de que el desenlace de antier no nació por un impulso repentino o ánimo de justicia de la autoridad federal; es altamente probable que la presión estadounidense junto con temas coyunturales, como el de la Copa Mundial de Futbol, hicieran indispensable perseguir hasta las últimas consecuencias al capo de mayor relevancia en la última década. La reacción de su grupo lo demuestra: acciones delictivas en al menos 20 entidades federativas con 252 bloqueos carreteros, más de 200 tiendas de conveniencia incendiadas, gasolineras, supermercados, más de 50 personas fallecidas en distintos enfrentamientos.
Guadalajara una ciudad fantasma por eso en los últimos dos días, con un silencio pasmoso. Al menos 30 municipios del Estado en condición crítica de inseguridad y afectaciones en otros ámbitos que conoceremos al paso de los días y semanas.
A pesar de la crisis momentánea que vivimos, sin duda se abren oportunidades para el Estado mexicano. Es el momento de incidir en la banca, el comercio y la industria para mermar los alcances financieros del grupo delictivo; es necesario que muchas de las personas que fueron cooptadas o amenazadas en los ámbitos público y privado den un paso para cortar esquemas de corrupción profundos; es momento de coordinación entre los tres niveles de gobierno sin distingo de partidos políticos. Es indispensable que la población, en particular la de nuestro querido Estado, entienda que hay que dejar de normalizar y exaltar los esquemas culturales del crimen organizado; es un asunto de responsabilidad compartida. El miedo que sentimos es porque sabemos, intuimos, conocemos, quién de nuestro entorno social y territorial forma parte de alguna célula criminal. Para desgracia es un vecino o pariente, o conocido sin importar si se vive en Puerta de Hierro o en Oblatos. No olvidemos que el Estado “más mexicano” tiene como uno de sus principales signos de reconocimiento nacional y mundial las iniciales de dicho grupo delictivo.
Entendamos: el camino para recuperar la ciudad, la polis, lo de todas y todos, es largo y sinuoso, pero es hoy. La oportunidad existe, la aprovechamos o ya no fue.