Derrumbe en mina de Rosario deja a cuatro trabajadores atrapados tras un accidente ocurrido el 25 de marzo, mientras crece la incertidumbre entre familiares y pobladores por su rescate

La angustia crece en la sindicatura de Cacalotán, en el municipio de Rosario, Sinaloa, donde un derrumbe al interior de una mina mantiene a cuatro trabajadores atrapados, mientras familiares y pobladores enfrentan horas de incertidumbre sin información clara ni coordinación visible de las autoridades.
El accidente ocurrió la tarde del miércoles 25 de marzo, alrededor de las 15:00 horas, en una mina ubicada sobre el camino que conduce a la comunidad de Chele. Desde ese momento, la situación encendió las alertas entre los propios mineros, quienes, sin esperar protocolos oficiales, iniciaron labores de rescate por cuenta propia.
En los primeros reportes, se hablaba de 11 trabajadores atrapados, una cifra que elevó la tensión en la zona. Con el paso de las horas, siete de ellos lograron salir con vida, gracias a los esfuerzos improvisados de sus compañeros, lo que dio un respiro momentáneo a las familias.
Sin embargo, la realidad sigue siendo crítica: cuatro mineros permanecen bajo tierra, sin contacto confirmado y con un acceso cada vez más complicado debido a la inestabilidad del terreno.
El ambiente en el lugar es de desesperación contenida. Familiares denuncian que varios de los trabajadores que participan en las labores de rescate no han podido abandonar la zona, permaneciendo durante horas (incluso sin descanso) en un intento por liberar a sus compañeros.
La falta de condiciones seguras para operar ha encendido otra alerta: quienes intentan rescatar también están expuestos a nuevos derrumbes.
Uno de los puntos que más inquieta es la respuesta tardía de las autoridades. Hasta el cierre de esta edición, solo se había informado que personal de distintos niveles de gobierno se dirigía al sitio, sin confirmación de su llegada ni de la implementación de un operativo formal.
Esta situación ha dejado en evidencia una posible falta de protocolos inmediatos ante emergencias de este tipo, obligando a los propios trabajadores a asumir riesgos extremos.
Mientras pasan las horas, la prioridad sigue siendo una: localizar con vida a los cuatro mineros atrapados. No obstante, el silencio desde el interior de la mina y las condiciones del terreno mantienen el panorama incierto.
La comunidad permanece en espera, entre la esperanza y el temor, de que esta historia no termine en tragedia.