Menos de noventa días faltan para que se lleve a cabo el evento deportivo de mayor impacto cada cuatro años. El Mundial de Futbol 2026 organizado por Estados Unidos, Canadá y México. Sin embargo, parece que la contienda deportiva que suele captar la atención de miles de millones de seres humanos, en esta ocasión la empiezan a rebasar otro tipo de contiendas internacionales y locales que hacen que el interés disminuya, al menos en estas fechas.
El aumento de las selecciones participantes hace que tengamos casos como el de la semana pasada en Guadalajara, cuando los equipos de Nueva Caledonia y Jamaica se disputaron la posibilidad de entrar a la fase de grupos del Mundial, en un hecho anecdótico y en el que si bien hubo una experiencia agradable, la de ver a un equipo de futbol amateur tener esa posibilidad, le quita seriedad al torneo de futbol más importante del planeta.
Por otro lado, los conflictos de Estados Unidos con varios países hacen complejo que este país otorgue visas a selecciones como la de Irak o algunas otras, por las debilitadas relaciones internacionales o por temor a algún atentado terrorista aprovechando la acumulación de personas en las ciudades y estadios, riesgo que por cierto siempre es latente y llega a preocupación especial en este tipo de eventos.
México enfrenta una serie de inconvenientes locales no menores, frente al compromiso mundialista más allá de los deportivos, en los que la expectativa es poca. La amenaza latente de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) de bloquear vías de comunicación para colapsar la CDMX en los días que haya partido en el Estadio Banorte; las siempre justas demandas y protestas de los colectivos de personas desaparecidas, tema siempre vigente y que tomó especial relevancia al darse a conocer la “nueva” estadística elaborada por el gobierno federal que no satisface a nadie, teniendo un hecho incontrovertible; no hablamos de números, hablamos de personas de las que hoy no sabemos en dónde se encuentran y que avivó la protesta social y la atención mediática internacional.
El partido de este fin de semana en la reinauguración del remodelado Estadio Banorte, dejó un mal sabor de boca por errores en su nuevo diseño. Sólo por ejemplificar, el tema de las primeras filas con visibilidad casi nula a la cancha, baños sin puertas y poca eficiencia para ingresar al estadio, además de una persona fallecida al parecer en un acto de imprudencia producido por la ingesta de alcohol; obras aún pendientes en las tres sedes y un ánimo de reclamo al Tricolor en dicho partido, donde fue abucheado y vituperado por buena parte de la afición.
En fin, el ánimo social no es el mejor y parece que la fiesta del futbol no será suficiente para mejorarlo por más esfuerzos que hagan la FIFA y sus patrocinadores. La superficialidad de lo más importante de lo menos importante, en esta ocasión quedará corta frente a los problemas cotidianos y graves que se viven en el territorio nacional y en el vecino del norte.