Hoy conmemoro mi primer año redactando esta columna “Con-ciencia” y a consciencia. Desde el 2025, he escrito a través de preguntas, encuentros y conversaciones que comenzaron en estas columnas y continuaron más allá de la pantalla. Porque escribir sobre salud nunca ha sido solo informar: ha sido abrir un diálogo.
A lo largo de este año hablamos de virus que regresan, de otros que mutan, de vacunas que protegen y de enfermedades crónicas que avanzan en silencio. Pero, sobre todo, hablamos de decisiones: las que se toman con evidencia y las que se posponen; las que cuidan a nuestras comunidades y las que olvidan que la salud es un bien compartido, las que se construyen desde la evidencia científica, sin desprenderla de la responsabilidad social, la ética y la corresponsabilidad comunitaria.
Comencé escribiendo sobre salud global, intentando conectar lo que ocurre en el mundo con lo que vivimos en lo local. Desde ahí, mantuve una mirada crítica pero constructiva, sobre las políticas públicas, convencido de que la ciencia importa, pero que comunicarla con con-ciencia y humanidad importa aún más.
Juntos celebramos espacios como la Vía RecreActiva, reconocimos liderazgos femeninos, confiamos en las juventudes y formulamos preguntas incómodas pero necesarias porque se trata de la salud de todas y todos, de salud pública. Porque no hay desarrollo posible sin salud, ni salud sin políticas públicas intersectoriales, sostenidas y con visión de futuro.
La ciencia cumplió su papel. El desafío, una y otra vez, fue traducirla sin miedo y sin ruido. Por eso insisto en un tema que siempre estará vigente: vacunarse no es solo una decisión individual, es un acto de cuidado colectivo. Estas reflexiones no nacen en el vacío; se construyen en el diálogo cotidiano con las personas y se enriquecen, semana a semana, con la conversación que se detona cada miércoles después de publicar. Cada columna se fortaleció gracias a leerles, escucharles y debatir con ustedes y agradezco sean parte esencial de este ejercicio.
Hoy honro este espacio para agradecerles: a quienes leen, cuestionan, comparten y conversan. A quienes no siempre coinciden, pero dialogan. Porque si algo confirma esta experiencia de columnista, es que la salud se construye todos los días: en la política pública, en la academia, en el hogar y, también, en la conversación cotidiana.
Nos seguimos leyendo y, sobre todo, seguimos creando conciencia en el diálogo, porque cuidar la salud, como sociedad, no es una reacción ante la crisis, sino una decisión permanente.
Y ese, quizá, sea el aprendizaje más valioso de un año escribiendo cada semana.