En ocasiones pensamos que la investigación científica comienza cuando alguien ingresa a un posgrado o realiza los experimentos de una tesis. La realidad es muy distinta, la ciencia inicia mucho antes, nace cuando una niña pregunta: ¿por qué brillan las estrellas?, cuando un adolescente decide comprobar una idea en lugar de asumirla como cierta o cuando un joven descubre que detrás de cada problema existe una oportunidad para encontrar respuestas.
A eso le llamamos formación temprana de vocaciones científicas, un proceso que consiste en despertar la curiosidad, desarrollar el pensamiento crítico y brindar experiencias que permitan comprender cómo se construye el conocimiento. Más que formar investigadores, se trata de formar ciudadanos capaces de analizar información, cuestionar con evidencia y participar en la solución de los problemas que enfrenta su comunidad.
En un mundo donde la desinformación circula con rapidez y la inteligencia artificial transforma la manera en que accedemos al conocimiento, aprender a investigar se ha convertido en una competencia indispensable. La ciencia ya no pertenece exclusivamente a los laboratorios; forma parte de las decisiones cotidianas relacionadas con nuestra salud, el medio ambiente, la educación y las políticas públicas.
El Primer Verano de Investigación Científica del Programa Delfín en México, con el lema “este verano me adoptó un científico”, sembró la semilla que me inspiró para ser un científico, por ello, desde el Instituto de Investigación en Ciencias Biomédicas (IICB) que fundamos entre colegas en el año 2014 en el Centro Universitario de Ciencias de la Salud de la UdeG y actualmente dirijo, este año instauramos el Primer Verano de Investigación Biomédica con el lema “mis primeros pasos en la ciencia”, porque las personas que hacemos investigación estamos convencidos que estas vivencias representan mucho más que una experiencia extracurricular. Son espacios donde las y los estudiantes descubren que investigar implica formular preguntas relevantes, trabajar en equipo, reconocer los errores como parte del aprendizaje y comprender que cada hallazgo, por pequeño que parezca, contribuye a ampliar el conocimiento colectivo.
La evidencia demuestra que quienes tienen contacto temprano con la investigación desarrollan mayor capacidad para resolver problemas, fortalecer su comunicación, trabajar de manera colaborativa y mantener una actitud de aprendizaje permanente. Incluso quienes no dedicarán su vida profesional a la ciencia conservan habilidades que los convierten en mejores químicos, médicos, ingenieros, docentes, abogados o servidores públicos.
México necesita más personas dedicadas a la ciencia, pero sobre todo, necesita más personas que comprendan el valor de la evidencia. Los grandes desafíos de nuestro tiempo —desde las enfermedades emergentes hasta el cambio climático o la transformación digital— no podrán enfrentarse únicamente con buenas intenciones. Requerirán generaciones capaces de preguntar antes de afirmar, analizar antes de decidir y colaborar antes que competir.
Cada estudiante que encuentra inspiración en un laboratorio, en un proyecto de campo o en una conversación con un investigador, representa una semilla de futuro. Algunas germinarán en descubrimientos científicos; otras, en profesionales comprometidos con mejorar su entorno. Todas, sin excepción, fortalecerán una sociedad que entiende que el conocimiento no es un privilegio, sino una herramienta para construir un mejor país y en esa búsqueda estoy seguro que en Jalisco y en la UdeG algún día cosecharemos a un Premio Nobel que hoy, es una semilla en la ciencia.
Despertar una vocación científica va más allá de únicamente enseñar a investigar. Consiste, sobre todo, en demostrar que la curiosidad puede convertirse en una forma de transformar el mundo. Este año en el IICB estoy convencido que las 32 semillas que sembramos cultivarán un mundo mejor con sus preguntas, así como la forma de visualizar el conocimiento científico, pues como lo he dicho desde hace varios años, la ciencia debe estar al servicio de la sociedad.